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lunes, 22 de noviembre de 2021

"De la tierra": se realizó en Chacabuco una nueva presentación del libro

 

Se trata de la reciente novela del escritor Juan José Opizzi, que publicó este año Nido de Vacas. La escritora María Elena Sofía, el periodista Diego López y los músicos Leandro García y Gustavo Tilli, de "Las guitarras del monte", participaron del encuentro realizado en el centro cultural Naranja-Lima




La novela "De la tierra", del escritor arrecifeño Juan José Oppizzi, se presentó el pasado sábado 20 de noviembre en la ciudad de Chacabuco, en el marco de un encuentro realizado en las instalaciones del centro cultural Naranja-Lima.

El autor estuvo acompañado por la escritora local María Elena Sofía, el periodista y escritor Diego López y los editores de Nido de Vacas, Federico Riveiro, Ezequiel Evangelista y Ludmila Padilla. También participó el grupo musical “Las guitarras del Monte”, dúo integrado por Gustavo Tillo y Leandro García.

La actividad contó con el apoyo de la Asociación de Escritores Chacabuquenses (ADECH).

Esta novela ya había sido presentada en octubre en la Sociedad Vasca de Arrecifes, y posteriormente en Rojas, en el marco de la Fiesta de Cultura. 

Asimismo, el próximo domingo 28 habrá de realizarse una nueva exposición, en esta ocasión en la Biblioteca Popular Obrera Jean Jaures de la ciudad de Luján.


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Conceptos de Diego López

"De la tierra" es una novela humanizante


De la historia, de nuestra historia nacional, recibimos de San Martín los hechos, sus logros, sus gestas, y también heredamos de él una forma de sentir, de pensar. Pero ese lado del prócer, que destaca una virtud sobresaliente, opaca el lado humano, esconde defectos que el prócer pudo haber tenido, tapa el lado mundano, nos hace olvidar que también es un simple mortal.

El primer desafío de Juan José Oppizzi en esta novela fue la de humanizar al prócer, la de mostrarnos ese lado de la historia que San Martín no eligió. Él eligió sus batallas, un sentido para su vida, pero las que no eligió (su primera infancia, sus raíces, el origen de su madre y de su padre; esas cosas que están marcadas y no fueron elecciones), nos interesan porque son las que luego influirán en la vida del prócer. Uno es una historia presente haciéndose  hacia el futuro. Así, Oppizzi nos brinda una posibilidad: ¿por qué no pensar que San Martín tenga origen en esta tierra? De verdad, en “esta tierra”. Que su madre pueda ser una aborigen, una hija verdadera de nuestra tierra.

Otro desafío es similar, pero a la inversa. La segunda parte de la novela toma como protagonistas a los aborígenes, en el contexto de la mal llamada “Conquista del Desierto”, y la cuenta con otra perspectiva. Sabemos que la Historia ha sido muy cruel con los aborígenes; los ha tratado de incivilizados, de salvajes, siempre los ha ubicado en un espacio marginal, al punto incluso de haberlos tratado como animales. Esto tiene forma en el segundo desafío en esta novela: el de humanizar a nuestros pueblos originarios, igualarlos a los otros.

 “De la tierra” es una novela humanizante, porque baja al ídolo y lo pone a la altura de nosotros, le asigna una historia, de modo que nos permite sentirlo humano; también es humanizante porque reivindica a los marginados de la Historia; y es humanizante porque iguala al lector, porque nos hace sentir a la par del prócer y a la par de los que fueron marginados. Y nos hace entender, de una vez por todas, que todos somos hijos de un mismo lugar.


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El análisis de María Elena Sofía

"Una ficcionalización de alta calidad literaria que no pretende justicias ni redenciones"




La novela histórica surgió a mediados del siglo XIX y rápidamente fue ramificándose y multiplicándose en obras diversas, creciendo y ganando lectores. Así encontramos el realismo de Benito Pérez Galdós contando la historia de un país, o aquellas que refieren la historia de una familia, como La casa de los espíritus. Historias de reyes y reinos, de batallas y conquistas. Se ha permitido también aquello de “qué hubiese sucedido si…” como el caso de Philip Roth, en La conjura contra América, donde Roosevelt pierde las elecciones, o en La Roma eterna de Silverberg, donde el imperio permanece hasta nuestros días. ¿Qué hubiese sucedido si en España ganaba la revolución? ¿Y si el resultado de la Segunda Guerra Mundial hubiese sido diferente? Pero en ninguno de estos modelos puede encasillarse esta novela que nos ocupa hoy.

Considerando lo que se dice de los libros de Juan José Oppizzi, del carácter distópico de su narrativa, me ocupé de buscar otro término que señalase un camino distinto para una comprensión de su obra. Encontré una palabra acuñada por el filósofo francés Charles Renouvier a fines del siglo XIX: ucronía, cuya traducción literal sería Sin tiempo o tiempo inexistente, y el sufijo "ía" que denota condición. Parafraseando a Tomás Moro, quien muchos años atrás hablaba de utopía como el no-lugar. Ucronía: la utopía de la historia. En el mundo de la novela sería la situación que nunca se dio (o quizás sí). Se trata de describir una historia en un universo divergente o paralelo; los personajes, documentos y hechos históricos a los que refiere, pueden tener mayor o menor profundidad en el desarrollo del argumento.

¿Puede describirse o redefinirse la historia con datos hipotéticos, o mediante los papeles hallados? ¿Hasta qué punto los relatos supuestamente realistas de la historia, o biografías de personajes relevantes, son verdaderos, cuando ha transcurrido tanto tiempo? ¿Cuánto de cierto hay, por ejemplo, en los relatos de Félix Mejía sobre las acciones de Hernán Cortés para conquistar a los aztecas? Por nombrar una de tantas novelas históricas hispanoamericanas…


En “De la tierra”, Oppizzi indaga sobre aspectos velados de la vida del Gral. San Martín. Sus orígenes, su infancia; su preparación militar y cultural, su relación con logias y su cercanía con los aborígenes de nuestro territorio. Esos hechos que parecen fuera de tiempo, o justamente “en un tiempo inexistente”, que sirven al autor para recrear un nuevo tiempo y territorio de novela, y a pesar de todas las definiciones del género, ha logrado mantenerse al margen y crear su propio mundo.

La novela histórica exige del autor una gran preparación documental y una cierta habilidad narrativa al mismo tiempo, para no caer en la novela ilusionista (que busca recreaciones verosimilistas según la mímesis aristotélica) o la novela antiilusionista (que no respeta la verosimilitud, a la manera de Bertolt Brecht). Tampoco predominan los hechos históricos sobre los ficticios, ni obligan a una redefinición de la Historia. Esta propuesta de Juan José está lejos de esos extremos y en ello, pienso, reside su importancia, porque ha respondido a una curiosidad por los hechos pasados, y ha logrado una ficcionalización de alta calidad literaria que no pretende justicias ni redenciones.

Veo en esta novela el puro interés del saber, el asombro por el descubrimiento del ser humano detrás del bronce, que no quita penas ni gloria a su entrega por la libertad. Ha dicho Hölderlin “lo que permanece lo fundan los poetas”; pienso que los próceres son los poetas de nuestra historia.

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De la tierra

Juan José Oppizzi

Nido de Vacas, 2021. 
Colección: Cicatrices/6

21 x 14,8cms. 106 páginas.

Edición: Federico Riveiro. Colaboración: Ezequiel Evangelista y Ludmila Padilla. Ilustraciones y arte de portada: Alejandro Pérez Vivero.




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martes, 19 de octubre de 2021

Lo que surge "de la tierra"


 

Una serie de versiones no concluyentes sobre la vida de José de San Martín confluyen con aspectos conocidos de la historia para dar forma a esta ficción, que ensambla al padre de la Patria con nuestros pueblos originarios. “De la tierra”, reciente novela de Oppizzi  publicada por Nido de Vacas, fue presentada en Arrecifes.

 




(Arrecifes).- El escritor Juan José Oppizzi presentó en su ciudad un nuevo libro de su autoría: “De la tierra”, novela histórica publicada este año por la editorial rojense Nido de Vacas. El encuentro tuvo lugar el sábado 16 de octubre, ante un auditorio repleto, en la sede de la Sociedad Vasca de Arrecifes.

El autor estuvo acompañado por los historiadores Roberto León y Ernesto "Tito" Haristoy, de Carmen de Areco; por el editor y escritor Federico Riveiro, por la escritora y editora María Elena Sofía, y los músicos locales Juan Pablo Mujica y Marcos Giraudo, que amenizaron el encuentro con la brillante interpretación de varias piezas clásicas. 

“De la tierra” es una novela histórica que enlaza la figura de José de San Martín con pueblos originarios de la Mesopotamia y la Patagonia. El relato expresa una dinámica de cuadros que atraviesan desde las misiones correntinas hasta la conquista del desierto, que se desarrollan a través de sus hechos más terribles y exhiben el vínculo profundo del Libertador con los nativos.

En el transcurso de la velada, los oradores destacaron la calidad estética de la nueva obra de Oppizzi, y ofrecieron valiosas lecturas, desde lo literario, lo técnico y lo histórico, el rasgo sobresaliente sobre el cual el autor construyó esta ficción.



“De la tierra” es la vigésimosegunda publicación de Oppizzi, una obra que incluye novelas, cuentos, teatro, poesía, ensayo y aforismos. Algunos de sus trabajos recibieron distinciones, como su novela “Pobladores del témpano”, Primer Premio a la mejor obra narrativa del año 2000 por la Sociedad de Escritores de la provincia de Buenos Aires (SEP); las obras “In extremis” (novela) y “Reverso” (relatos), finalistas a la Faja de Honor 2018 de la misma entidad. También sus libros “La salida” (novela, 2019) y “Muy cerca” (cuentos, 2020) fueron finalistas en sus categorías y compitieron por la Faja de Honor de este año.

Para Nido de Vacas, este libro es el sexto de la colección Cicatrices de narrativa (en la cual Oppizzi publicó la novela “La Salida”), y uno de los siete libros publicados en 2021, entre los que se encuentran la traducción de Alejandro Elcoro a la pieza teatral “Sakuntala o el anillo del destino”, de Kalidasa; el poemario “Razón Maldita”, de Marcelo Baleriani; “Cuentos, que no son cuentos…”, relatos de Coca Jué ilustrados por Micaela Romera Jué; “Filosofía profana”, de Silvana Vignale; “Pueblos y parajes de Rojas”, de Hugo Silveira, y “Un año encerrado”, poemario de Paul Bravo de próxima aparición. 

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A continuación, reproducimos los principales discursos vertidos en el citado encuentro: los análisis de Ernesto “Tito” Haristoy y de Roberto León, y las declaraciones que el autor ofreció ante su público.

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Ernesto “Tito” Haristoy: 
“Un correlato con el devenir americanista”

Estamos aquí, felizmente, en Arrecifes para acompañar la presentación de un nuevo libro del amigo Juan José Oppizzi. El título, “De la tierra”, así, a secas, nos deja picando una primera pregunta, ya que de la tierra se podrá hablar infinitamente, sobre todo de sus (nos) habitantes humanos, de los cómo y los porqués en el transcurso del tiempo. De esto, la primera pregunta que nos surge es ¿de qué se tratará este libro?

“De la tierra” es una novela histórica, lo cual a su vez nos abre otro panorama de preguntas que solemos hacernos los lectores cuando tomamos un libro o nos interesamos por él. Como sabemos, una novela es una ficción, que a su vez se bifurca en distintos géneros y temáticas. El agregado “histórico” nos orienta al género al que pertenece y dentro de ese género, nos encontramos además con el trabajador de la pluma, quien nos acompaña en las vivencias del diálogo novelado. Veremos situaciones, tiempos, lugares y sobre todo una línea narrativa que, por vías de la ficción aplicada a largas dubitaciones (unos cuatro años), nos traza un paseo figurado y muy atinado, para mostrarnos, ilustrarnos, conmovernos (cualidad valiosa, porque es lo que finalmente apetecemos degustar cuando accedemos, por vía de los libros, al variado depósito de conocimientos, siempre tan enriquecedores en esta aventura del leer, el sentir, el pensar).

“De la tierra” es una parcialidad contemplativa de Yapeyú, la infancia de José de San Martín, su entorno, y esa marca cósmica invisible que se manifiesta en lo que algunos llaman destino, o signos de vida, pero que al final de una historia da como resultado el destello de nuevos orientes en el devenir de los tiempos.

Es extraño, pero tuve que abstraerme durante la lectura de este libro, tuve que ceder al vicio del mal lector que va al epílogo para satisfacer una inquietud. Y fue cuando el autor, imprevistamente, cambió el cuadro de situación y saltó adelante en el tiempo y en el espacio geográfico, agregando nuevos relatos. Es que ahí aparece, según mi parecer, una contemplación cósmica del hombre en la tierra, formando al final de cuentas, un correlativo antropológico del devenir americanista.

La vida de las grandes personalidades, las que por alguna razón asombraron al mundo, tienen su correlato en la posteridad, fenómeno este que actúa por distintas vías, ya sea por la historia de rigor, por la memoria oral, por la poesía. En todos los casos, cada aporte, cada mirada y cada entender siempre habrán de dejarnos la llave a nuevos espacios de libertades y emociones. Así es como encontramos que, respetuosamente, este libro contempla algunos aspectos rodeados de misterios y a la vez muy interesantes de la naturaleza de José de San Martín.

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Roberto León: 
“Una novela que humaniza a los personajes de nuestra historia”

 

Quisiera a referirme a tres aspectos de esta novela.

El primero está en algo que siempre aprovecho en estas circunstancias, y tiene que ver con la importancia de la lectura, y exagerar cuestiones tales como: “todo lo que tiene letras debe ser leído”. Alguna vez se ha dicho que lo que está escrito es verdad, y eso no es verdad; no necesariamente porque esté escrito es verdadero. Lo que sí nos proveen los libros son las palabras, el medio por el cual navega el pensamiento. No se puede pensar sin palabras; es como nadar sin agua. La gran virtud de los libros, entre tantas que les podemos adjudicar, es la de proveernos de palabras. Y con ellas poder bucear, en este mar de la vida, lo que está por descubrir. Cada descubrimiento que encontramos con las palabras, asociándolas, relacionándolas, nos enriquece y nos produce una satisfacción enorme.

Otra cuestión a la que quiero referirme es a la novela histórica, aprovechando que tenemos una en nuestras manos. Yo no sé cómo recuerdan ustedes; en mi caso los recuerdos son como instantáneas, fragmentos de un momento determinado, en general inconexos con los momentos siguientes. Por ejemplo, de mi infancia recuerdo a mi abuelo sentado conmigo en el corredor de una casa en el campo, mirando las estrellas y las luciérnagas, y algún diálogo tonto en el cual yo, siendo muy niño, le preguntaba siempre cuántas estrellas había y mi abuelo siempre respondía, creyendo que hacía un gran chiste, son cincuenta. Siempre respondía lo mismo porque yo siempre hacía la misma pregunta. Es decir, recuerdo esa ocasión, pero no logro recordar qué es lo que había ocurrido antes o qué ocurrió después de ese momento que está grabado en mi mente. El recuerdo se compone de fragmentos aislados; no hay secuencias como en los videos; tal vez porque los videos duran mucho y la memoria no logra almacenar todo, entonces almacenamos instantáneas, fragmentos.

La historia tiene la particularidad de documentar determinados aconteceres, determinados hechos y sucesos, y después de eso documenta otra cosa, quizás de otro momento o de otro lugar, y nada sabemos sobre lo que ocurre entre el primer suceso y el segundo. ¿Cómo era entonces la vida de esas personas?

Cuando el autor pensó escribir esta novela histórica, investigó mucho, y en este caso sabemos que fueron varios años de estudios, de rastrear y escudriñar para munirse de los elementos acreditados y acreditables con respecto a los sucesos históricos. Después empezó a hacer algo que me parece maravilloso: tejer un puente entre cada suceso y el hilo de la novela, hilvanando la historia que no conocemos, la que tuvo que imaginar, y que es como una costura que va juntando las instantáneas hasta convertirlas en un video. Y poco a poco, como por arte de magia, la historia cobra vida; los personajes son humanos y tienen una existencia que en las documentaciones históricas no suelen registrarse. Algunas novelas históricas me parecen maravillosas porque facilitan (si bien uno sabe de antemano que es literatura) la lectura y la comprensión de determinados sucesos históricos.

Me gustan las novelas históricas porque tienen la particularidad de ubicarme mejor en el tiempo; y también, por otra característica que implica el tercero de los aspectos a los que quería llegar: humanizar a esos personajes de la historia. Ya no son un cartón, son seres humanos.

Particularmente de este libro, hay un elemento que me atrapó desde el comienzo: el nombre de la obra, que a la hora de conceptualizar no es una cuestión menor. El nombre del libro nos obliga a pensar que estamos hablando de hombres y mujeres de acá, “de la tierra”. No son superhéroes de película, no provienen del pináculo de los dioses, ni del olimpo ni del paraíso; son personas como nosotros; son tan humanos, que están ligados a la tierra.

La interconexión se establece entre la idea del hombre de la tierra con el hombre americanista, con el aborigen, el hombre que ama y le rinde culto a la Pachamama, a la madre tierra; ese hombre, esa mujer, aparece en dos oportunidades cruciales en esta novela: en la primera parte, cuando la historia de una mujer guaraní entra en juego; y luego, en la segunda parte, cuando nuestros aborígenes del sur vienen a complementar esta historia en un tiempo futuro, referenciando nada menos que a nuestro héroe nacional, que resulta ser también un hombre de esta tierra.

Esta idea “de la tierra” nos proporcionará a todos, supongo, cierto grado de emoción, de pertenencia. La cuestión de pertenecer, no solo por el legado histórico o la nación que compartimos, de la cual somos ciudadanos, heredados de la gesta del general San Martín y tantos otros, sino también en la emoción de pertenencia por ser parte de la tierra, porque al igual que ellos, también nosotros somos de la tierra.

Ojalá que ese concepto pueda hermanarnos mucho más allá de las expectativas que tengamos.

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Juan José Oppizzi: 
“Transformé en ficción una serie de hipótesis sobre la vida de San Martín”

 

Este libro tiene una génesis larga. Podría decir que la semilla primordial la tuve sembrada cuando leí una obra que hablaba sobre San Martín y que no había sido escrito precisamente por un historiador; se titulaba “¿Conoce usted a San Martín?”; fue publicado en la década de 1980, y el autor era un famosísimo médico: René Favaloro. Es poco conocido ese libro y, pese a que su autor era tan célebre, no trascendió. Quiero creer que no sucedió por motivos especiales, aunque soy desconfiado. Me impactó, porque fue el primero que leí sobre José de San Martín con un enfoque diferente del que estaba acostumbrado. Como muchos, mi conocimiento escolar de la historia se nutrió de la línea Mitre-Grosso-Constancio Vigil-Billiken; y aquí me encontré con documentación nueva, con cartas inéditas en las que se modificaban totalmente esos argumentos que yo conocía por formación.

Creo haber dicho, en la presentación del libro anterior, que vengo de una época en donde la historia, en la escuela primaria, se desprendía del Manual del Alumno Bonaerense, del “estudien de acá hasta acá”, repetir lo leído y una buena repetición significaba un diez. También creo haber mencionado que yo estaba acostumbrado a ese método de estudio.

En la escuela secundaria gocé del privilegio de tener como profesor, en varias materias, al doctor Carlos Luis Merlassino, una personalidad sobresaliente, un señor que fue un prócer de nuestra ciudad. En segundo año pasé a dar lección, luego de haber estudiado “desde acá hasta acá”, como era mi costumbre. Expuse impecablemente; cuando terminé, miré al doctor esperando su aprobación; entonces él me posó la mirada, una mirada muy serena, y me dijo: “¿y usted qué opina?” Entonces yo no supe qué responder; no estaba acostumbrado a opinar, por formación. A mí nunca se me había pedido que opinara sobre nada de lo que estudiaba. Ahí empecé a aprender a opinar, y a tener una interpretación propia sobre las cosas; a veces equivocada, a veces acertada, pero propia.

El libro del doctor René Favaloro me sembró una semilla importante. Recuerdo, por ejemplo, que desmentía algo que nosotros estudiamos de manera muy saliente, como aquel  famoso brindis ocurrido cuando San Martín vuelve de Perú. Luego de pasar a Chile, donde le hicieron un recibimiento importante, él declaró “en tanto tiempo hemos cruzado los Andes, hemos cruzado por mar y hemos vencido a los realistas en Perú…”. La versión de Favoloro, basada en documentos del propio San Martín, dice que él rechazó todo homenaje. Es cierto que se le preparó un banquete oficial, pero cuando él llegó y vio esa mesa servida, con cubiertos de plata, dijo “no, esto se manda a fundir para reunir fondos para la campaña, yo no puedo participar de un derroche semejante, cuando al pueblo le estoy pidiendo un sacrificio”. Ese fue uno de los tantos puntos que llamaron mi atención.

Con el tiempo fui encontrando elementos llamativos, no necesariamente reales, sino basados en hipótesis. Uno, novedoso, y que provocó un escándalo, fue dicho por una señora llamada Joaquina de Alvear y Quintanilla. Al final de su vida, ya anciana, escribió sus memorias. Y en el encabezamiento de esas memorias, usó una pequeña frase que provocó un revuelo, generó una controversia terrible. La frase dice lo siguiente: “Yo, Joaquina de Alvear y Quintanilla, hija de don Carlos María de Alvear y nieta de don Diego de Alvear, y por lo tanto sobrina carnal del Libertador José de San Martín, por haber sido hijo este de mi abuelo don Diego de Alvear y de una india guaraní”. Esta sentencia cambió el panorama para los historiadores y empezó una polémica furibunda, que aún no termina, por una sencilla razón: jamás se encontró el acta de bautismo de José de San Martín. Nunca fue hallada. Todo lo que se sabe de sus datos personales se han sacado de declaraciones propias; al enrolarse en el ejército español, o al casarse, dejó manifiesto que tenía tantos años, pero el problema es que a lo largo de su vida, en distintos momentos, va diciendo, por ejemplo: “hoy, a mis cincuenta años…”, y si se coteja ese momento no coincide con la fecha de 1778, fijada como fecha de su nacimiento; a veces es anterior; otras, es posterior. Así, hay no menos de cinco versiones distintas sobre su edad. Lo cual lleva a suponer la existencia de ciertas imprecisiones en torno a eso.

A mí se me ocurrió, entonces, transformar esa hipótesis en una ficción. Así, pues, decidí investigar por mi cuenta. Entre las instancias de la investigación, viajé hasta Yapeyú. En averiguaciones y charlas con los lugareños, mi primera sorpresa fue al ingresar al museo de Regimiento de Patricios, el único existente fuera de la ciudad de Buenos Aires (frente a la plaza del pueblo se encuentra el templete que protege los restos de lo que fue la casa natal de José de San Martín). Recorriendo el lugar, encontré el pabellón “dedicado a doña Rosa Guarú, nodriza del Libertador”. No es usual que en un museo dedicado a un héroe nacional se dedique un pabellón a su nodriza. Me pareció sugestivo. Averigüé en el folclore del lugar y recogí versiones que coinciden con la de Joaquina de Alvear; aunque no dejan de ser versiones, sin elementos documentados que lo demuestren. Es decir, es tan creíble que sea el hijo de Juan de San Martín y de Gregoria Matorras como que sea hijo de Diego de Alvear y de Rosa Guarú; no hay constancias efectivas que alimenten una u otra hipótesis.

Por lo tanto el debate sigue. Y siguió tan intensamente que la familia de Alvear pidió un estudio de ADN; los Cristaldo, una familia descendiente de Rosa Guarú, apoyaron el pedido. Es importante señalar que no era necesario intervenir el sepulcro ya que en el Museo Histórico Nacional hay cabello de San Martín para practicar el examen. Pero hubo un recurso de amparo (de parte del Instituto Nacional Sanmartiniano) que suspendió el examen, de modo que la polémica continúa abierta.

En definitiva, el origen incierto me pareció un tema interesante para desarrollar en una ficción: lo que podría haber sucedido de haber sido de tal modo.

También hubo un episodio que me permitió estructurar esta novela en tres partes. Además de esa hipotética relación con el pueblo guaraní, San Martín tuvo un encuentro interesante, antes de cruzar la cordillera, en el valle de Uco, al sur de la ciudad de Mendoza. Él se reunió con un grupo de lonkos araucanos. Existen muchas versiones sobre esa reunión; la historia clásica menciona que allí San Martín pidió colaboración para el cruce de los Andes, ya que necesitaba logística de gente que conociera perfectamente el territorio; si bien él ya contaba con baquianos, la gente de la tierra tenía mayor conocimiento del terreno, de las condiciones climáticas, etc.

Yo encontré la punta del ovillo en un monasterio ubicado en Los Toldos; allí existe un documento en el cual se describe el poncho que viste San Martín en la tapa de mi libro, y el significado de dicha prenda. Se indica que le habría sido otorgado por el grupo de lonkos como un homenaje. Investigando más sobre el tema, me pregunté a causa de qué se le rinde un homenaje en lo que parece ser una reunión diplomática. En realidad, no había sido un encuentro diplomático, ya que el propio San Martín le escribe a Tomás Guido, y de su puño y letra conocemos que se trató de una reunión ritual; que él va solo en compañía de un asistente y un lenguaraz, y gracias a esas presencias sabemos algo de que lo ahí ocurrió. En esa reunión hubo una meditación, de cerca de media hora de duración, en silencio; los lonkos cavilaron después de escuchar a San Martín, y resolvieron, por mayoría, apoyarlo. Cuando se produce esa resolución, el grupo de lonkos supuestamente se acercó y le regaló el poncho, que hoy se exhibe en el Museo Histórico Nacional. Le dijeron que esa prenda se les otorgaba a los iluminados, desde el punto de vista de sus creencias. Y lo catalogaron con una palabra que tiene un significado especial: toqui, “gran jefe guerrero”.

Investigué los símbolos del poncho, que no son meros adornos sino que cada uno carga con un significado preciso. Tuve que indagar en varias fuentes, hasta que encontré un libro de un autor chileno que analiza, punto por punto, los emblemas. A partir de ahí se me ocurrió trazar un vínculo ficticio entre San Martín y los aborígenes, usando ese gancho. También el testimonio de la propia Joaquina de Alvear y Quintanilla, que lo visita a San Martín en Francia y nos deja de ese encuentro una impresión especial, utilizando un adjetivo solo en todo lo que ve de él: grande. “Grande en su estatura, grande en su moral, grande en su generosidad”. La pobre Joaquina terminó acusada de loca, confinada en una estancia, con una demanda de parte de su marido para pasar a administrar sus cuantiosos bienes. Dentro de la bolsa de acusaciones acerca de su locura, se encontraba su testimonio sobre San Martín.

El proceso de investigación, que demandó mucho tiempo, me llevó también hacia el sur, hacia la Patagonia, para conocer algunas comunidades aborígenes del lugar. Necesitaba indagar más a fondo las simbologías; qué era un toqui o un lonko, que, contrariamente a lo que supone la generalidad, no es una autoridad política sino una autoridad espiritual. Me costó entender esta diferencia al principio, y tuve que hablar con gente de la comunidad, para llegar a explicarlo en la historia usando un lenguaje accesible. También averigüé sobre mitos y leyendas, lo simbólico y el trasfondo real de cada historia: costumbres, vestimentas, arquitectura de la época, medios de transporte, mediciones del tiempo y del espacio, es decir, nociones totalmente diferentes de las versiones europeas que utilizamos nosotros.

A grandes rasgos, este es el panorama que motivó la escritura de esta novela. Ahora queda a criterio de los lectores la evaluación de este trabajo. Repito: solo transformé en ficción una serie de hipótesis e hice la unión de esos pantallazos. Lógicamente hay intimidades de los personajes que son imposibles de conocer, y que nadie conoce. Por eso la tarea de fabricar la unión de todos esos elementos y conducir al lector a esta historia.

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Fotos: Ariela Bolzan y Mariángeles Tévere

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De la tierra
Juan José Oppizzi

Nido de Vacas, 2021. 
Colección: Cicatrices/6

21 x 14,8cms. 106 páginas.

Edición: Federico Riveiro. Colaboración: Ezequiel Evangelista y Ludmila Padilla. Ilustraciones y arte de portada: Alejandro Pérez Vivero.

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martes, 17 de marzo de 2020

Libros para bajar en PDF

Hasta el 5 de abril ponemos a disposición de todxs versiones en PDF de algunos de nuestros libros, para su descarga gratuita.

Sabemos que esta decisión puede afectarnos desde el punto de vista económico puesto que, como seguramente entenderán, nuestro único ingreso, el que nos permite mantener a flote este proyecto, proviene de la venta de libros.

Tal cual lo contamos en la última entrada, tenemos muchos títulos para ofrecer y este mes se cancelaron todas las actividades en las que teníamos previsto participar, lo cual nos genera una merma considerable en nuestras cuentas.


Al mismo tiempo, entendemos que hay muchxs lectorxs con ganas de leer algunos de estos libros y la situación es complicada también para ellxs. Por eso decidimos hacer este pequeño aporte de ofrecerlos por tiempo limitado y de manera gratuita, en una decisión conjunta con los autores, a quienes consideramos el eslabón más importante en esta cadena, y que apoyan esta iniciativa desinteresadamente.


Les invitamos a colaborar  con un bono contribución a través de Mercado Pago de:

$ 100



También pueden contactarnos a través de nuestro correo electrónico nidodevacas@gmail.com o de nuestras redes sociales. Del mismo modo, para quienes quieran conseguir los ejemplares en papel existen varias formas y puntos de venta, que pueden consultar aquí.

Si nada de todo esto último sucede, estaremos igual de felices. Que disfruten de estas lecturas.

#YoMeQuedoEnCasaALeer
#QueElContactoNoSeCorte
  




Libros de Nido de Vacas para descargar

Literales ausencias (Juan Carlos Llauradó)

Políticas del discurso (Diego Singer)

El vértigo de la felicidad (Amir Abdala)

La salida (Juan José Oppizzi)

Donde el sol confluye con la mierda (Paul Bravo)

Lolei. Memorias de lo inconfesable (Federico Riveiro)

Penales para el primer amor (Federico Riveiro)

Nuestra India (Dussie Siculer)

Hay un poema dormido, hay un poeta despierto (Amir Abdala)

Lo único que pasa es lo que no se recupera (Amir Abdala)








sábado, 21 de septiembre de 2019

Juan José Oppizzi: “Sigo luchando a favor del cultivo de la buena prosa”



El autor oriundo de Arrecifes presentó en Rojas su nueva novela “La salida”, editada por Nido de Vacas. Se trata de su décimo octava publicación, en una obra que novelas, cuentos, ensayos, piezas teatrales, poemas y aforismos.

Juan José Oppizzi y Federico Riveiro, editor de Nido de Vacas,
durante la presentación del libro
Ph: Emiliano Raggi

Guiada por el GPS de su auto, una mujer ingresa por casualidad en un camino de tierra. A partir de ese momento se verá en circunstancias que la obligan a tomar decisiones inesperadas y enfrentará numerosos obstáculos para tratar de escapar de esa encrucijada. Este argumento le sirve a Juan José Oppizzi a crear una historia breve y contundente: “La salida”, novela  a través la cual vuelve a mostrar un estilo narrativo sobrio, con una acción lineal y contundente que destaca por una síntesis equilibrada entre lo narrativo y lo dialógico.

Este libro, quinto volumen de Nido de Vacas y segundo de la colección “Cicatrices” de narrativa, fue presentado el viernes 20 de septiembre en el centro cultural Ernesto Sabato de Rojas, ante una buena concurrencia de vecinos. El evento contó con el auspicio de la secretaría de Cultura de la municipalidad de Rojas.

Para Oppizzi se trató de su décimo octava publicación, una obra literaria que reúne novelas, cuentos, ensayos, piezas teatrales, poemas y aforismos, algunas de ellas premiadas por reconocidas por instituciones ligadas al quehacer literario.

En el transcurso de la velada, el autor de la novela dialogó con el editor de Nido de Vacas, Federico Riveiro, en una charla en la cual se refirieron a la flamante obra y otros aspectos de la trayectoria literaria de Oppizzi.

La salida y otras obras de Oppizzi

-¿Qué podés decirnos acerca de tu nueva novela, “La salida”?
-Es una novela breve, sin una ubicación geográfica concreta, es decir que hay en ella descripciones del entorno, pero se podría desarrollar en cualquier sitio de la llanura pampeana. Desde el punto de vista formal, traté de encontrar un equilibrio entre lo narrativo y los diálogos. Ambos son sobrios, con palabras sencillas, buscando la máxima síntesis. Pocos personajes, bien marcados, una acción lineal y, lo más importante, una atmósfera contundente.

-¿Qué elementos podrías vincular de esta novela a las publicadas anteriormente?
-Siempre hay vínculos de estilo, pero esta novela tiene una particularidad: es parte de un experimento. Empecé a escribir dos novelas al mismo tiempo. Ambas son de tipo psicológico, pero en la otra predomina exclusivamente lo narrativo, no hay diálogos. Fue exactamente en octubre de 2017. Los temas son muy distintos, y me dedicaba a escribir un rato cada una. El curso mismo de la escritura me llevó a acabar esta mucho antes. De hecho, a la otra aún le falta el capítulo de cierre.

-Has publicado 18 libros en casi 30 años como escritor: ¿en qué momento sentiste que encontraste un estilo, una voz propia para tus obras?
-El hallazgo de una voz propia fue para mí un proceso paulatino. Sigue siéndolo todavía. Uno cambia con los años y esos cambios se reflejan en los enfoques de la sintaxis, en la construcción de los personajes; hasta en la puntuación. Sin embargo, creo que encontré un tono cuando me animé a publicar mi primera novela, “Caza”, en una edición de cien ejemplares, de los que apenas han de quedar diez bien guardados. Antes de eso escribí muchísimo: novelas, pequeños ensayos, cuentos. Hoy miro esos borradores y me causan gracia. Son una ensalada de búsquedas, influencias e intentos fallidos. Sin embargo, fueron un proceso absolutamente necesario.

Ph: Emiliano Raggi

-Tu obra abarca gran cantidad de los géneros literarios conocidos: ¿con cuál te sentís más a gusto a la hora de escribir? ¿Por qué?
-Considerando la relatividad de los géneros y considerando, también, que son imprescindibles para volcar cualquier contenido literario, diría que me encuentro más cómodo en la novela y en el ensayo. De cualquier manera, todo depende del tema. Hay temas novelísticos, cuentísticos, poéticos, teatrales y ensayísticos. Ponerlos en un género que no siento que les cae sería un error. Siempre me guío por la intuición formal. En cuanto a por qué elijo más esos géneros, podría decir que la novela me permite mayores desarrollos que el cuento o el relato, y que el ensayo llama a una precisión que siempre me seduce.

-¿Qué libro o qué otro autor produjo en vos el efecto que te gustaría producir en quienes te leen?
-Me es difícil elegir unos pocos ejemplos entre tantos libros que me impactaron. En mi adolescencia, sentí un golpe esclarecedor leyendo “El lobo estepario” de Hermann Hesse. En lo ensayístico, “Radiografía de la Pampa” de Martínez Estrada y “Pequeño diccionario de la desobediencia” de Luis Franco, así como las investigaciones históricas de Osvaldo Bayer, podrían ser las muestras. En materia de cuento, “Las puertas del purgatorio” de Conrado Nalé Roxlo. En poemas, Almafuerte y Juan L. Ortiz. Quedan muchos afuera de esta síntesis. El entusiasmo podría hacerme seguir listas interminables.

-¿Sos consumidor de escritores contemporáneos? ¿Qué opinión tenés de la actualidad literaria?
-Leo bastante a los contemporáneos. Y hay un fenómeno que me preocupa de la actualidad literaria y que supe hablarlo con un escritor al que le ocurre lo mismo (Antonio Requeni): los best sellers; una inundación de libros, de ficción y de no ficción, escritos según el dictado de las editoriales que buscan la venta masiva. Eso origina obras que responden a las pautas comerciales, a las modas, a lo que se consume en virtud de la propaganda. Por lo tanto, detecto una falta casi completa de elaboración literaria y una sobreabundancia de recursos efectistas, huecos y efímeros. Un ejemplo patético podría ser la escritora estadounidense Danielle Steel; ni las traducciones más empeñosas logran darle alguna jerarquía literaria; son pueriles en temática y desarrollo. Me eximo, por prudencia, de dar ejemplos negativos en literatos argentinos actuales. Desde luego que no todos los escritores contemporáneos caen (por suerte) en la podadora del marketing. “El sueño de los murciélagos” de Pablo Ramos, por ejemplo, es una novela que me reivindica la literatura actual. Ni hablemos de las excelencias de “Crónica de un iniciado” del recientemente fallecido Abelardo Castillo. Yo sigo luchando a favor del cultivo de la buena prosa, de aquel lenguaje que rompe con las limitaciones impuestas o autoimpuestas para explotar todas las posibilidades expresivas.

-¿Qué es lo mejor y lo peor que te dio la literatura?
-Lo mejor: una apertura mental a la que me obligo constantemente. Lo peor: la frecuente incomprensión de una parte del entorno, la que tiene el prejuicio del “intelectual” como una especie de extraterrestre exquisito y aristocrático.


Cobertura del evento realizada por ClyferTV

-Además de tu carrera como escritor, has desarrollado una carrera como conferencista de música clásica. ¿Encontrás algún vínculo entre la literatura y la música?
-El vínculo entre ambas es mucho más profundo que lo que se podría apreciar a simple vista (u oído). De hecho, la poesía (sea esta en prosa o en verso) es limítrofe con la música. La canción es el ejemplo más popular y más evidente de esa relación. Cuando canturreamos versos de piezas conocidas, automáticamente les damos el canto de la música que los acompaña y viceversa. A propósito, los experimentos para introducir música en la sintaxis literaria se remontan al siglo XIX. Uno de los que hizo algo novedoso fue un poeta alemán: Ludwig Tieck. Él introdujo los tiempos musicales en muchas de sus obras. Tituló “allegro”, “andante”, “presto”, etc a fragmentos poéticos escritos en prosa. El cubano Alejo Carpentier hizo algo así en su novela “El acoso”, que temporalmente dura lo que la ejecución en un concierto de la sinfonía “Heroica” de Beethoven. En lo personal, hice algún experimento al respecto con una novela aún inédita que bauticé “Sinfonía oscura”. Está dividida en cuatro partes, que responderían a los movimientos de una sinfonía clásica, y cada parte está a su vez subdividida en pequeños fragmentos también bautizados según el lenguaje musical. Traté de que no fuera solo la forma de encarar la sintaxis la que se expresara musicalmente, sino también la esencia de cada pasaje de la acción.

-Si tuvieras que elegir uno de tus libros: ¿con cuál te quedás y por qué?
-Elegiría uno que tuvo muy poca fortuna editorial: “La mirada turbia”. Es una novela escrita en plena furia neoliberal de los 90’, que ilustra una refutación de esa horrible filosofía. La publiqué en 2010 y por desgracia cayó en una de las pocas circunstancias en que se defraudaron mis expectativas editoriales. Quedan muy pocos ejemplares en mis manos, aunque todavía rueda por librerías y ventas en internet (sin que yo vea un solo peso, claro).  

Milagros Perticarari, modelo de la portada del libro,
junto al autor y el editor de "La salida"



Sinopsis

“La pantalla baja un párpado negro; una voz castiza le ha ordenado abandonar la ruta pavimentada; ahora enmudece cobardemente, y el camino de tierra se ve infinito. El celular no muestra ninguna barra de señal. Detiene el coche”.

Cuando el GPS de su auto le ordena tomar un camino alternativo, Celina no sospecha ni por asomo en qué situación ha caído. A partir de ese momento se verá en circunstancias que la obligarán a tomar decisiones inesperadas. Irá por rumbos contradictorios, que tal vez la lleven a muchas partes o a ninguna.

Las más diversas facetas de conducta se le implantan en la búsqueda de salvación. El entorno contribuye a crear una vorágine sobre la que se proyectan los interrogantes acerca de las fatalidades, las causalidades y los hechos deliberados.

Con un ritmo narrativo ágil y vertiginoso, Oppizzi construye un pequeño universo kafkiano en el que la búsqueda de una salida parece ajena a la certidumbre de su hallazgo.

El autor

Juan José Oppizzi nació en 1957 en San Isidro y está radicado en Arrecifes. Es conferencista y autor de casi una veintena de libros, entre novelas, relatos, ensayos, poemas, aforismos y piezas teatrales. Ha colaborado en espacios radiales, revistas y publicaciones virtuales de Argentina, Alemania, Francia, Cuba y Venezuela. Algunos de sus trabajos han recibido distinciones, como el 1° premio a la mejor obra narrativa publicada en 2000 por Pobladores del témpano, otorgado por la Sociedad de Escritores de la provincia de Buenos Aires (SEP), y la novela In extremis, finalista para la Faja de Honor de la misma entidad.

Ficha técnica

La salida. Juan José Oppizzi.
Nido de Vacas, 2019. 72 páginas. 21 x 14,8 cm.
Colección: Cicatrices/ 2
Edición: Federico Riveiro. Diseño de tapa: Emiliano Raggi. Fotografías: Luna Castronuovo. Modelo: Milagros Perticarari.


Otras obras de Juan José Oppizzi

Caza (novela) - edición del autor - 1993

Las cuatro paredes (novela) - Editorial Cumacú - 1997
Pobladores del témpano (novela) - Editorial Ayala Palacio - 2000
Hasta que descubro el miedo (poemario) - edición del autor - 2005
Sedimentos (aforismos) - edición del autor - 2009
Tres piezas breves (teatro) - edición del autor - 2010
La mirada turbia (novela) - Ediciones Al margen - 2010
El árbol y el caminante (cuentos) - Editorial Vinciguerra - 2012
Un río de milenios (poemario) - Editorial Vinciguerra - 2013
Aporte referido a la creencia (ensayo) - Editorial Vinciguerra - 2014
El próximo (novela) - Editorial Birkat-Elohim - 2014
La curva de la luz (novela) - Editorial Vinciguerra - 2016
La otra cara (selección de cuentos) - Editorial Vinciguerra - 2016
Los ecos del abismo (novela) - Alción Editora - 2017
In extremis (novela) - Clara Beter Ediciones - 2017
Lugares, hombres y personajes (ensayos) - Clara Beter Ediciones - 2018
Reverso (cuentos) - Clara Beter Ediciones - 2018