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jueves, 26 de noviembre de 2015

Lolei. Memorias de lo inconfesable (14)


CAPITULO
14

El viejo había tomado envión con su relato. A medida que hablaba iba buscando más y más recortes de diarios de la valija que habíamos ubicado encima de la cama. Algunos apenas los ojeaba y me los alcanzaba para que yo los leyera, como para que corroborara su versión de la historia. En otros cotejaba datos con mayor precisión.
Me pidió otro cigarrillo y continuó.
-Todos estos problemas comenzaron a reflejar la disconformidad de distintos sectores de la ciudad con el Comisionado, que coincidían con la conflictiva situación nacional. A pesar de las críticas de la oposición, en las elecciones municipales triunfó nuevamente el peronismo, resultando elegido para el cargo de intendente el Dr. José Antonio Cavallo. Asumió el 1 de mayo del 55, cuando yo ya estaba haciendo el servicio militar en Azul. Fue una época muy jodida para estar dentro de los cuarteles.
Sin dejar de hablar, el viejo hurgó entre los papeles y encontró algunas fotografías de la época de la conscripción. En una de ellas se apreciaba a un joven Lolei uniformado y en posición de firmes en un mástil, junto a otro soldado, con la bandera nacional flameante. En el dorso de la imagen, se leía la fecha: 25 de mayo de 1955. 




-Los levantamientos militares que se iniciaron en junio del 55 en contra del gobierno nacional también amenazaron la estabilidad del municipio. Pasó lo del bombardeo en Plaza de Mayo, que nosotros seguimos a través de la radio. En Mar del Plata, desde la Intendencia, mediante altavoces, llamaban al pueblo a reunirse en la plaza San Martín y permanecer allí hasta que Perón desistiera de su propósito de renunciar al cargo. Alrededor de 500 obreros liderados por la CGT local, viajaron a Buenos Aires para hacer lo propio en la plaza de Mayo. Cuentan que los comerciantes cerraron sus puertas y las amas de casa se agolparon frente a los negocios, temerosas ante posibles saqueos. El general Lucero, del bando golpista, ordenó a las guarniciones de Tandil, Azul y Mar del Plata que avanzaran sobre la base naval de esta última ciudad y se apoderaran de ella. Muchos de mis compañeros se movilizaron, pero yo quedé acuartelado. También la compañía Nº 7 de infantería de la marina sublevada se dirigió hacia el aeropuerto de Camet para embarcarse en dos aviones que los trasladarían a Buenos Aires. Cerca del aeropuerto observaron que las instalaciones estaban custodiadas por efectivos del ejército con el objetivo de impedir que se acercasen. Se intentó persuadir a los oficiales del ejército que estaban a cargo de la defensa del lugar, y ante la negativa de éstos, se dispusieron para iniciar un combate que no llegó a desatarse debido a la noticia del fracaso del golpe en la Capital.
En septiembre llegó el derrocamiento del gobierno peronista por un golpe de estado. En Mar del Plata, los cañones de los buques de la Marina despertaron a la ciudad. Se vivieron momentos de mucha tensión y gran confusión. Las autoridades municipales que se hallaban dentro del edificio Municipal fueron depuestas. En reemplazo del Intendente asumió provisoriamente el capitán de corbeta Juan Bizet. Por la radio LU9, se transmitió un comunicado del Comando Revolucionario Militar, llamando a la población a la calma.
Una multitud de antiperonistas ganó las calles para celebrar la caída del general. Se produjeron allanamientos en los locales peronistas y en los gremios. Se secuestraron armas, se quemaron muebles, se destruyeron cuadros de Perón y de Evita. Frente a un edificio de policía, que ya estaba abandonado, los manifestantes acrecieron sus gritos. Cuando se enteraron que adentro estaba detenido el dirigente radical Giordano Echegoyen, rompieron una ventana, ingresaron a la sala de guardia y lo liberaron, junto a otros presos. Sacaron cuadros de Perón y Eva y los destrozaron. También quemaron papeles y libros pertenecientes a la dependencia. Después fueron a la CGT, de donde retiraron muebles para incendiarlos. Lo mismo en el Centro de Empleados de Comercio y varias unidades básicas. También se hizo un acto de repudio frente al diario La Mañana. En su recorrido, pasaron por el diario El Trabajo, el órgano de prensa del partido socialista, donde con arengas, reconocieron la labor del periódico como baluarte del antiperonismo local. Luego tomaron las sedes de Radio Atlántica y radio Mar del Plata, donde, ya acompañados por autoridades militares golpistas, restablecieron la comunicación que había sido cortada días antes. Ya bajo la dirección del “Comando Revolucionario”, la onda local salió al aire emitiendo un comunicado en el cual se informaba a funcionarios y agentes policiales, que a la mayor brevedad debían presentarse en las seccionales respectivas. Y agregaba que la presencia de los elementos policiales en las comisarías locales sería de importancia, por lo que debían concurrir de inmediato. En otro comunicado se llamó a la calma y la tranquilidad, ya que “las fuerzas de la Libertad dominan la situación”. Por último se convocó a los comerciantes a que abrieran sus puertas para permitir el normal abastecimiento de la población; y a los vecinos que se habían alejado de sus hogares por temor a posibles bombardeos, que podían regresar sin riesgo alguno.
El comunicado terminó con un “¡Viva la libertad!, ¡Viva la Patria!”.

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(XIV)

Para: Hugo Cavalcanti Palacios
Academia de Idiomas Gref
Calle Santa Engracia 62 4°
Madrid – España

De: Alan Rogerson
61 Adams Gardens Est.
Rottherhithe
London – England

1 October 1983

Querido amigo:
Espero que te encuentres bien; yo estoy bien. Sigo buscando trabajo. Hasta ahora no he conseguido ninguna oferta, ninguna entrevista. Pero no me daré por vencido. Debería tener un piso pronto, y si no recibo nada, me voy a marchar en Navidad. Voy a volver a Madrid, no me quedaré en invierno aquí. Vamos a ver lo que pasa. Espero que me salga algo. He escrito cartas a la princesa Carolina de Mónaco, ofreciéndole mi polla por su pasta. Hasta ahora, ninguna respuesta.
No pienses que estoy chungo. Al contrario, la estoy pasando bien. Ayer viernes salí con Danny. Fuimos a otro barrio y ¡joder, tío, nos cogimos una borrachera que ni veas! Y sabes, no discutimos ni nada. Fue un milagro. No me acuerdo mucho, salvo que estuve tumbado en el césped. Nosotros nos sentábamos en un banco a beber coñac. Danny y yo bebemos sidra, ‘the poors man´s drink’, le llamamos aquí. Y nos emborrachamos.
Me dijiste que Eva me vio tumbado en la calle. Pues sí, era verdad. Fui a la manifestación acompañado de tres litros de vino. Yo tenía la impresión de que Eva no se dio cuenta que estaba pedo. Pídele que me mande una foto de su cuerpo desnudo y yo le mandaré una de mis pelotas.
He mandado una tarjeta a Pepé. Voy a escribirle una carta más tarde, pues me equivoqué y puse Pepé López en vez de su nombre.
Cuando me escribes de Malasaña, del barrio, de la gente que conocía, me pongo amorriñado y tengo ganas de volver y de meterme otra vez en esa vida de risas y de tajadas y de discusiones tontas y de amistad. Como te he dicho ya, si nada me sale, en Navidad o en enero, volveré.
Te echo de menos y te aseguro que nos volveremos a ver, por supuesto con un coñac en la mano, acordándonos de los buenos tiempos que hemos tenido juntos.
Yo por la tarde estudio. Me he matriculado en un colegio, hago un curso superior de español y mi profe es de Buenos Aires. Le hablé de tu padre y me dijo que el nombre no le sonaba nada. Lo raro es que el nombre Cavalcanti es un nombre radical… Además tomo clases de portugués. Cuando nos vayamos a Portugal y nos echen, sabré decirles: “idos a tomar por el culo, sois unos hijos de la gran puta abstemia”, en portugués, ¿te parece?
Bueno Hugo, da mis recuerdos a todos, a Josefina, a Mme. Chardy, di a Pepé que voy a escribirle pronto y que no te dé más copas. No te olvides de la foto de Eva.
Un abrazo fuerte

Alan

Lolei. Memorias de lo inconfesable (13)


CAPITULO
13

Lo que Lolei estaba leyendo era la última carta que le había enviado Mario Browne y me había mostrado esa tarde. La que contaba sobre sus entreveros amorosos. Pero luego había repasado el fragmento en que contaba sobre los incidentes en las elecciones de abril del 54, y sobre todo en donde mencionaba las razzias y la posible detención de su padre.
-No sé si recordás –comenzó-, pero la elección del 25 de abril del 54 tuvo por objetivo ocupar el cargo de vicepresidente de la Nación para acompañar a Perón, que quedó vacante por la muerte de Hortensio Quijano, antes de su asunción. Entonces los principales candidatos fueron el almirante Alberto Tessaire, por el Partido Justicialista, y Crisólogo Larralde, por la Unión Cívica Radical. El militar obtuvo el 63,8% de los votos, contra el 32,2% del radical. Debía ocupar el cargo hasta el 58, pero bueno, ya sabrás cómo siguió esa historia.
La cuestión que le interesaba en esa historia fue lo relacionado a su papá, que naturalmente estaba del lado de la oposición. Domingo Cavalcanti había dejado de ser concejal en el 53, después de haber  sido electo para el cargo en las elecciones del 11 de noviembre de 1951, que pasaron a la historia por ser las primeras que contaron con la participación del voto femenino. Tras dejar ese cargo, su actividad política continuó en crecimiento y fue convirtiéndose en uno de los mayores referentes del radicalismo marplatense.
Ese año, en Mar del Plata se mantuvo la tendencia de gran parte del país y la intendencia quedó en manos del candidato peronista, Olegario Olazar, pese a tener en su contra el hecho de ser bastante desconocido para la ciudad. Pero tuvo a su favor la notable propaganda montada tanto desde la Nación como la Provincia acerca de la labor del partido durante los años de gobierno. 
Domingo Cavalcanti obtuvo uno de los cuatro escaños reservados para los partidos opositores en el Concejo Deliberante, ya que a partir de la reforma de la Ley Electoral, se eliminaba la representación proporcional, por lo cual el partido que reunía el mayor número de votos, se adjudicaba el cargo de Intendente y ocho concejales, reservándose para la minoría solo cuatro bancas. Dos ediles del partido socialista –Mora y Lombardo- y dos de la Unión Cívica Radical –Cavalcanti y Labatut- conformaron esa minoría.
En la primera reunión del Concejo con mayoría peronista, se aprobó el aumento del presupuesto municipal para el año 1952. Don Domingo tuvo una intensa participación en este debate. Luego, el intendente cedió, sin autorización del Concejo, tierras municipales a particulares y se inició un plan de expropiaciones, entre ellas, las del Club Pueyrredón. Los radicales, socialistas y la mitad de la bancada peronista se opusieron a este proyecto, por lo cual el nuevo intendente debió abandonarlo, aunque esto costara la banca a cuatro ediles peronistas. En medio de ese intenso debate, el concejal Cavalcanti presentó una nota en la cual expresaba su posición respecto de la expropiación de bienes impulsada desde el Ejecutivo. La sesión fue acompañada por numerosos simpatizantes. Cuando se procedía a su lectura, crecieron abucheos de parte del público oficialista. La respuesta de la bancada mayoritaria fue celebrada con fuertes aplausos y protestada por los adictos radicales. El mitin fue enfático. La presidencia del Concejo puso fin al debate ahogando con campana de orden la voz del concejal Cavalcanti, siendo eficazmente secundado por el público, que hizo con sus fuertes aplausos lo que la campana no podía. Cerrado el debate, fue rechazada por improcedente la nota de los concejales radicales.
Lolei recordaba que este tipo de exposiciones eran características de su padre. Su trayectoria como hombre público del radicalismo se definió por una ardiente defensa de sus convicciones, de su firmeza democrática. Sin embargo, su drástica posición antiperonista lo llevó a definir como dictadura al gobierno constitucional del general Perón, y los términos de su exacerbado discurso le trajeron más de un problema.
Fue por aquellos días que Domingo Cavalcanti fue detenido y procesado por desacato al presidente de la Nación, tras participar como orador en un acto de campaña del radicalismo. Junto a Mario Giordano Echegoyen (h), también dirigente de la UCR, el entonces concejal fue trasladado a Azul, por disposición del Juez Federal con asiento en esa ciudad.
El propio Giordano Echegoyen le escribió una breve misiva: “Mi querido amigo: Dispénseme la presentación de esta nota y su escritura, pero no se puede pedir más estando aquí. Esperando verlo pronto, le hago llegar mi más absoluta solidaridad en esta causa común en que estamos encaminados, repitiendo con Ricardo Balbín: ‘A veces es necesario que algunos hombres libres y dignos conozcan las cárceles para saber adónde irán luego los delincuentes de la República’. Su amigo, M.G.E. ¡Viva la UCR!”



De acuerdo a las crónicas periodísticas, don Domingo debió ausentarse de Mar del Plata, antes de que concluyera la campaña preeleccionaria para evitar su detención, y finalmente se presentó en el Juzgado Federal de Azul junto a sus abogados, desde donde fue remitido a la cárcel de encausados. Otros artículos señalan que había sido detenido en su domicilio por las fuerzas federales antes de proceder a su traslado. Cavalcanti fue excarcelado bajo fianza días después de su arresto y absuelto de culpa y cargo.

















-Este no sería el único inconveniente sufrido por sus actuaciones políticas-, acotó Lolei.
El viejo me iba narrando la historia de su padre –que sabía a parte de la Historia argentina- con cierto engreimiento, con ínfulas de cronista avezado y testigo privilegiado de los hechos. Hablaba y me pasaba amarillentos recortes periodísticos para que yo pudiera corroborar la veracidad de su versión. A mí me gustaba compartir esos momentos, en parte porque iba conociendo algunos hechos de nuestra historia de primera mano, contada por alguien que había los había contemplado de cerca, aunque mi corazón estuviera en las antípodas del pensamiento del principal protagonista, es decir, su propio padre. Y además me gustaba porque en esas incursiones retrospectivas me hallaba frente a un Lolei impetuoso, de memoria ágil y activa, muy distinto del personaje agonizante y sentenciado a una realidad bastante grotesca que tenía enfrente.
Lolei hablaba y yo lo dejaba hablar.

Hacia finales del año 52, se votó un aumento para el presupuesto del año siguiente. La justificación era el pago de sueldos de gran cantidad de funcionarios y empleados municipales que disponía la Comuna. Al año siguiente la mayoría oficialista autorizó al intendente Olegario Olazar a crear cien puestos municipales más y a derivar dinero del municipio para la construcción de nuevas oficinas en el edificio comunal. También autorizó elevar las tarifas del transporte.
Los mayores problemas comenzaron con la falta de pago de las jornadas laborales y horas extras por parte del ejecutivo municipal. El personal de limpieza, apoyado por la CGT peronista, amenazó con ir a la huelga y pidió la renuncia del intendente. También las juntas vecinales reclamaron por los altos precios de los pavimentos y la poca flexibilización en los plazos de pago, fijados en los contratos de construcción.
En septiembre, Olazar presentó su renuncia, aunque la misma no se hizo efectiva inmediatamente. Los mismos peronistas no hallaban consenso en nombrar su reemplazante. Intervino entonces la Provincia, designando como Comisionado municipal al Dr. José M. Carbusiero.
Con este contexto se llegó a las elecciones del 25 de abril de 1954.
En el oficialismo existían fuertes divergencias entre sus distintas facciones. Incluso el propio comisionado Carbusiero sufrió un atentado cuando balearon su automóvil, camino a Buenos Aires. Esto determinó que el Poder Ejecutivo provincial diera por concluidas las funciones del comisionado, intentando poner término al enfrentamiento del peronismo local. El nuevo comisionado fue Eduardo Manuel Teisaire, que estaba como interventor en Luján.
La nueva autoridad municipal proyectó la federalización de Mar del Plata y la posibilidad de que el propio gobierno nacional tuviera su asiento allí, durante el período estival. El constante crecimiento de la burocracia municipal impedía la concreción de nuevas obras públicas o el mejoramiento de los servicios públicos. El radicalismo, que ya empezaba a mostrar sus diferencias internas, se unía sin embargo para dar batalla a las acciones del gobierno de turno.
También los conflictos se acentuaban dentro del peronismo. En una primera etapa, el gobernador Domingo Mercante elegía a los comisionados entre aquellos hombres que podían conciliar posiciones con la oposición. 
Durante la gobernación de Carlos Aloé, los comisionados eran aquellos hombres que habían demostrado ser más "peronistas". Sus apoyos locales se registraban entre los sindicalistas o entre los grupos más populares. Las disputas entre las facciones que apoyaban uno y otro accionar atentaron contra el propio peronismo y también contra la ciudad.
Otro tipo de conflictos que debió enfrentar Perón con sectores tradicionales o con nuevos adversarios, se dejaron sentir en Mar del Plata. En la disputa con la Iglesia Católica, las religiosas del Asilo Unzué fueron reemplazadas por empleados de ambos sexos enviados desde Buenos Aires. Esta medida fue vista con desagrado por el vecindario marplatense, que responsabilizaba al gobierno municipal. Incluso se armó una marcha en la plaza Eva Perón para desagraviar a la bandera nacional y a la figura de Evita.
Eso ocurrió unos días antes del sanguinario bombardeo en Buenos Aires.
-Ahí sí que se la mandaron-, resumió Lolei.




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(XIII)

Para: Hugo Cavalcanti Palacios
Academia de Idiomas Gref
Calle Santa Engracia 62 4° (Barrio de Chambery)
Madrid – España

De: Alan Rogerson
61 Adams Gardens Est.
Rottherhithe
London – England

Saturday 16 Sept 1983

Amigo:
Gracias por tu carta, la recibí hace tres días. Espero que vayas bien; yo, regular. He encontrado otra vez a mis amigos en el Partido Laborista y se han portado muy bien conmigo. Gracias a ellos tengo la posibilidad de un piso y de trabajo. Además, me he metido otra vez en la política. Desgraciadamente, para conseguir un piso tengo que quedarme en un hostal para homeless (los ‘sin hogar’). No es imprescindible que me quede allí, pero facilita la cosa.
Hugo, esto es la miseria: vagabundos, alcohólicos, drogadictos. Es la pobreza. Me desperté un día y recé por estos tíos. Cuando veo a gente viviendo como vive tu familia, Hugo, me enfado. No es justo que haya gente viviendo como reyes y mucha más viviendo como la mierda. Ya lo sé, no es tu culpa ni de tu familia, sólo digo que debemos hacer algo por los pobres y la clase tuya para conservar sus privilegios impide que hagamos algo. Vale, amigo, basta de política. Ya verás que estoy metido otra vez…
Te dije en otra carta que esos hijos de la gran puta iban a intentar joderte, ¿no? Les hace falta una hostia, una buena paliza. Lo siento con las clases de la familia Lobarto, pero al menos te quedan las de Fernando y las del Señor G.
Yo sigo solicitando trabajo y pienso que lo voy a conseguir. Ahora, para sacar unas pelas, trabajo en una cocina lavando platos. No saco mucha pasta, pero como el mismo tiempo cobro subsidio de paro, no ando tan mal. Además, he puesto fin a estas parrandas. Cuando vi a Danny salimos tres días consecutivos. ¡Joder, tío, qué borracheras! En tres días gastamos casi 13.000 pesetas en los bares, dimos una paliza gorda a los abstemios, esa gente que sigue pudriendo la sociedad.
Desde entonces no he salido. He ahorrado dinero. Sólo salgo los domingos. Hoy es sábado, igual voy a salir. Voy a tomar anfetas (¡ojalá!) y a volar con la ayuda de unos seis litros de cerveza.
Da mis recuerdos a todos, más que a nadie a Pepé. Dile que me perdone por la deuda. Le voy a escribir y cuando tenga la pasta se la mandaré. Dile que he estado muy ocupado últimamente. Nunca me voy a olvidar de él, se portó muy bien conmigo, le quiero mucho. Volveré a Madrid algún día, a veros a todos. Pero sobre todo a ti, Hugo.
Ahora me voy a matricular en un colegio, voy a estudiar portugués y a repasar español y francés. Me cobran 200 pesetas al año porque estoy parado. Estudio por las tardes, lo juro.
“Bombachitas”, no voy a caer en los mismo errores que antes. Si consigo un buen trabajo y ahorro pasta para pagar el billete Buenos Aires-Londres, puedo ir a tu país cuando estés allí. Es algo para el futuro. Un sueño. Y a mí me gusta soñar.
Da mis recuerdos a los melones de Josefina; dile que me mande tres toneladas de leche, que tengo sed. No, en serio, dale mis saludos, dile que le escribiré pronto. Te doy un abrazo muy fuerte y espero tu carta

Alan

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Lolei. Memorias de lo inconfesable (7)


Capítulo 6


CAPITULO

7

-Esta tarde me acordaba de la primera pelea grande que tuve con mi papá. Se me vino a la mente pensando en la película que me contaste ayer, la del Chivo ese.
Lolei parecía animado esa noche, cuando regresé a la casa con una fuente de fideos blancos y cuatro hamburguesas cargadas de queso.
Había pensado en llevar herramientas para arreglar la mesa, pero a último momento desistí, por mero desgano. Eran casi las nueve de la noche cuando regresé a mi casa y, a la pasada, desde la puerta, le avisé que estaría con la cena al cabo de una hora. Me duché y me recosté a descansar unos minutos mientras esperaba que se cocinaran los fideos y los cuatro medallones de carne que puse en el horno.
Después de cuatro horas de clases, esa tarde había visitado a una amiga. Entre mates le conté lo ocurrido el día anterior con el viejo del E. Le anuncié que a la noche también comería con él. Charlamos un buen rato y, antes de despedirnos, me previno, a modo de consejo amistoso, que tuviera cuidado con involucrarme demasiado.
-No se trata de negar una ayuda, pero cuidate de que no exprima tu tiempo y tus ganas. Además, no es muy clara su situación; ahí hay una historia que encierra varias dudas-, recomendó.
-Si hay muchas dudas, trataré de evacuarlas-, avisé. E intenté tranquilizarla con la promesa de no complicarme en la relación con mi vecino, a quien, por lo demás, apenas conocíamos.
Es curioso comprobar, a medida que pasan los años, cómo nunca me canso de equivocarme.
Después que Lolei devorara sus tres hamburguesas y más de media fuente de fideos, repitiéramos el rito de la mañana rumbo al baño y ya estuviera arrebujado entre la cochambre de sábanas y frazadas viejas que componían su nuevo lecho, comenzó a desandar la historia del altercado con su padre, ocurrido hacía casi cincuenta años.
Habló como si durante todo el día hubiera guionado mentalmente el relato, con datos minuciosos y enumeraciones que denotaban claramente una memoria imprevista.
-Fue en 1954 -comenzó a la manera de un cuento infantil-, mientras se realizaba el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Ese año fue la primera edición, y la ciudad ardió. Había un mundo de gente. Con mis amigos fuimos siguiendo de cerca los preparativos, durante todo ese verano. Estábamos ansiosos, como todos los lugareños, por recibir a las grandes figuras que seguíamos a través de las películas, los de acá y los extranjeros. Bueno, no todos en realidad. El espectáculo era fastuoso, pero tenía un trasfondo político que por aquellos días, y sobre todo en el entorno familiar, no era visto con buenos ojos. Porque además de ser organizado como una manera de exhibir ante el mundo la industria del cine nacional, también servía como plataforma para mostrar lo que el peronismo decía que había logrado en los últimos años. Se utilizó el festival como un elemento de propaganda política. Al menos así lo interpretaban la mayoría opositora al peronismo –que no era escasa en Mar del Plata- y los principales medios. Y en mi casa ni te cuento. En mi familia se respiraba un furioso antiperonismo, sobre todo mi padre, que ya había sido concejal por el radicalismo y sostenía un discurso muy combativo contra el gobierno justicialista. Los diarios opositores dedicaban unos pocos comentarios sobre el festival, apenas mencionaban algunos estrenos, personalidades asistentes y afirmaban que se trataba de un hecho eminentemente propagandístico y político. En síntesis, sostenían que la fiesta había sido concebida sólo para entretener al pueblo, promocionar la obra del gobierno y difundir la imagen del país en el exterior. Recuerdo un artículo de El Trabajo, un diario local, órgano del socialismo, donde se opinaba que todos los recursos del Estado se encontraban al servicio de la política oficial: dinero, transportes, fuerzas públicas, todos sometidos a las exigencias y necesidades de ese servicio. Incluso no dudaban en sostener que Perón se había tomado un breve descanso, haciendo un paréntesis a sus tareas de gobierno, pero restándole importancia al festival y haciendo hincapié al lanzamiento de la campaña. Más allá de las diatribas gorilas, hay que reconocer que la decisión de darle semejante magnitud al evento tuvo una especial virtud en reunir enormes figuras, abrirse a las nuevas corrientes del arte y del espectáculo y congregar multitudes como nunca antes en la ciudad. Confieso que estas interpretaciones las hice años más tarde, pero en su momento sólo me desvelaba la posibilidad de tener cerca a las estrellas de cine. Imaginate lo que significaba para la ciudad la presencia de la Novia de América, Mary Pickford, o de Jeannette Mac Donald, Joan Fontaine, Irene Dunne, Robert Cummings, Walter Pidgeon, Rosita Moreno, Ann Miller, o hasta Erroll Flynn, que no pertenecía a la delegación oficial yanqui pero aprovechó que estaba en Brasil promocionando su más reciente una película. Erroll Flynn era un consumado bebedor y se la pasó de parranda en parranda. Incluso se rumoreó que una noche en el Casino del Hotel Provincial dejó un tendal de dos mil dólares en la ruleta, jugando con fichas prestadas, y que de esa deuda se hizo cargo el General. En total vinieron delegaciones de casi veinte países, y además de actores había músicos, guionistas, técnicos, productores y directores. Me acuerdo de la española Aurora Bautista, considerada la mejor actriz trágica de habla hispana, de Marisa de Leza, la rusa Natalia Medvedieva, el director José Luis Sáenz de Heredia. Y por supuesto la gran Gina Lollobrígida, a quien no tardaron en atribuirle un romance con Perón, rumor que fue la comidilla de todos los corrillos de la ciudad. A la Lollobrígida tuve la oportunidad de verla de cerca, digamos a unos diez metros, en la rambla, y puedo jurarte por esta mano que era más linda que en la pantalla.
-Si le habrás dedicado homenajes con esa mano-, interrumpí. El viejo sólo rió y no se dejó alterar su narración por mi pueril acotación.
-Igual –siguió-, a los que más esperábamos eran los artistas argentinos, que viajaron todos juntos desde Buenos Aires en un tren exclusivo, El Marplatense. La salida fue desde Constitución y se demoró porque también allá una multitud se agolpó para despedir a todas las celebridades. Dicen que las valijas de todos los invitados, incluidos los extranjeros, se trasladaron por la ruta 2, en una larga caravana de pequeños camiones del Correo, con la escolta de motociclistas de la Policía Federal. La que encabezó la delegación fue Tita Merello, que fue recibida por Perón en el Hotel Provincial. Además estaban Fanny Navarro, Mirtha Legrand, Daniel Tinayre, Olga Zubarry, Laura Hidalgo, Enrique Muiño, Mecha Ortiz, Amelia Bence, Malvina Pastorino, Luis Sandrini, Analía Gadé, Narciso Ibañez Menta, Angel Magaña, Hugo del Carril, Juan Carlos Thorry, Santiago Gómez Cou, y un montón más. Cuando los artistas estaban instalados, el partido peronista realizó un gran acto de campaña en las terrazas del Hotel Provincial. Para muchos fue sorpresivo porque no se había avisado con antelación. Decían que se realizó de esta manera debido a que no creían conveniente difundirlo, ya que no se quería crear un malestar en la población marplatense, que veía cómo se estaba politizando el festival. Hablaron el gobernador Aloé y el presidente Perón. Los artistas fueron invitados pero la mayoría optó por descansar en sus habitaciones, ya que venían de largos y agotadores viajes. Una multitud acompañó, pero yo no fui. De todas maneras parecía raro que se tratase de un acto imprevisto. El peronismo se había movido con todo su aparato para la organización del festival.  De hecho, por más que los marplatenses no quisiéramos asumirlo, el general Perón terminaría siendo la figura más requerida del festival, compitiendo y superando en popularidad a los grandes astros que visitaban el país por aquellas jornadas. Había llegado dos días antes del inicio oficial, me acuerdo que fue un sábado. Arribó también en El Marplatense, con toda su comitiva. Hay fotos de su llegada, donde se lo ve con un traje claro, camisa blanca y corbata, pese al calor de ese día. Dicen que no había anunciado ni el día ni la hora de su llegada, pero muchísimo público lo recibió en la estación y las calles de la ciudad. Y durante los siete días que duró el festival, el presidente tuvo una activa participación, encabezando agasajos a las celebridades, como orador principal en los grandes actos de campaña, en los estrenos de las películas más importantes, o bien paseándose por los lugares más emblemáticos de la ciudad, siempre rodeado de una muchedumbre. Entre los innumerables registros fotográficos de la época, recuerdo uno en que se lo ve vestido de blanco, apuesto y deportivo, caminando junto al mar y rodeado por una multitud de bellísimas mujeres. También recuerdo imágenes de agasajos de los visitantes en visitas a Chapadmalal, o en actividades sociales que se desarrollaron en el Parque Camet, mostrando las tradiciones criollas típicas de campo. Hay otra en el estreno de El Grito Sagrado, una de las dos películas argentinas que compitieron en el festival. Fue en el Ocean Rex, una de las mejores salas de la época. Allí se lo ve junto a altas autoridades y varios artistas reconocidos. El Grito Sagrado estaba basada en la vida de Mariquita Sánchez de Thompson, ambientada en la época de las Invasiones Inglesas y Revolución de Mayo. Actuaban Aída Luz, Fanny Navarro, Carlos Cores. Se dice que fue la primera superproducción del cine argentino. La otra película local que se presentó fue La Calle del Pecado, que nunca vi.  Argentina también presentó una innovación: Buenos Aires en Relieve, un cortometraje de media hora, en 3D color, realizada para estrenar en el festival. Con tomas desde un avión se mostraban lugares atractivos de la capital y se hacía hincapié en la obra pública del gobierno. Un fragmento del corto mostraba a Perón conduciendo un Justicialista Sport dentro de los jardines de su residencia.  




Fotos de la época muestran al presidente y su comitiva con anteojos de cartón blanco y celuloide de color, que era la forma correcta de ver el film. También hay fotos de Perón en el Atlantic, junto a personalidades del mundo político y artístico, durante la proyección de House Of Wax (Museo de Cera), la primera película en 3-D salida de un gran estudio de Hollywood, que además contaba con el sistema Warnercolor, que registraba con nitidez todos los colores dentro de una suavidad de tonos. Allí todos los asistentes lucían unas particulares gafas polaroid de cartón.

Perón saludando a la actriz Tita Merello durante el festival. 
El presidente en la presentación de Buenos Aires en Relieve, primera película en 3D de producción nacional


La llegada del Marplatense con las estrellas del festival
Esperando a los actores en el aeropuerto
Rosita Moreno y muchachos peronistas
Mary Pickford, la novia de América
Errol Flynn en el festival
Gran concentración popular en la Rambla. Habla Perón
Revelador documento del gran despliegue que tuvo el festival
Aquí, el espectacular anfiteatro montado en el
playón de las Toscas, hoy Paseo Hemitage
Rosita Moreno, Luis Sandrini y Luis César Amadori
Santiago Gomez Cou
Robert Cummings

Fanny Navarro y Carlos Cores
en El Grito Sagrado
El largo y detallado monólogo de mi vecino se extendió por más de una hora, que seguí atentamente y casi sin interrupciones. Alguna vez respondí con gestos inciertos mi desconocimiento hacia citas de lugares de Mar del Plata –ciudad que apenas conocía- o de artistas –de algunos sólo conocía su nombre y otros ni siquiera conocía- o de apreciaciones políticas –de las cuales tenía un vago conocimiento, pero no tanta precisiones. Y aunque interesado por un relato que se expandía fluctuante y sospechaba interminable, me encontré en la obligación de remarcarle un detalle, sin ir más lejos, el que había dado inicio a su narración: ¿cuál había sido el motivo de la mentada primera gran pelea con su padre?.
“Ya voy a llegar”, me respondió seguro, como si esa parte de la historia ya estuviera en un horizonte cercano. Entonces siguió.
-Lo cierto es que la ciudad era un hervidero, te aseguro. Todos querían una foto, un autógrafo, un saludo de las celebridades. Yo no obtuve nada de eso pero estuve ahí, merodeando cada cine, cada entrada de un hotel, o en el anfiteatro que se había montado al aire libre, donde gran cantidad de espectadores podíamos disfrutar cómodamente de los films. El lugar elegido fue el espacio comprendido entre la Rambla, sobre las piletas cubiertas; ahí mismo se construyó un gran escenario, casi al borde de la playa, con espacio para casi dos cuadras de plateas, que se extendían en dirección al Torreón. Allí se realizó la gran gala del festival, el tercer o cuarto día, en medio de una noche calma y sin viento, ante unas 300 mil personas. Fue animada por Juan Carlos Thorry. Se cantó el himno nacional y después se escuchó la marcha peronista. Se presentó a todas las delegaciones y luego el coro y el cuerpo de baile del teatro Colón, con más de cien personas en el escenario, bailaron Las Sílfides. Fue memorable. Los artistas accedían por la parte trasera del escenario, oculta a la concurrencia; luego llegaban a un espacio más elevado y avanzaban por una amplia plataforma para aparecer frente al público, descendiendo por una rampa hasta tomar ubicación en el sector asignado. El descenso por las escalinatas coincidía con fuegos artificiales, pirotecnia y efectos lumínicos, acompañados por el estruendo de una batería de bombas. Perón arribó sin problemas al lugar. Para los ministros, autoridades y artistas de las delegaciones se organizó un espacio exclusivo, dividido del público por una valla de tubos de acero y parantes enclavados en el piso, que servía como señal divisoria y protectora al mismo tiempo. En más de una ocasión la ola humana presionaba sobre las vallas, pero el espectáculo pudo realizarse sin inconvenientes. Sobre el final el público desbordó las vallas de seguridad y se abalanzó sobre la zona de plateas donde había estado Perón. Pero el presidente ya se había retirado. Aparentemente el desliz fue del director de Espectáculos Públicos, responsable del evento al aire libre. Después él mismo se hizo cargo del error de no vallar todo el perímetro y dejar libre un acceso del costado del escenario, por donde entraron los colados que se fueron acercando a la zona vallada frente al escenario, empujando a los que sí tenían entradas y estaban colocados detrás de la zona de funcionarios. El episodio no pasó a mayores. Pero al día siguiente se publicó en los diarios que se temió por lo que pudo haber pasado si el Perón hubiese estado allí. Mi papá dijo “qué lástima que se había ido, lo tendría que haber aplastado el escenario”. Yo le contesté que no podía ser tan desalmado, que una cosa era ser un gorila recalcitrante y otra muy distinta echar una maldición de esa catadura. Con ferocidad me amonestó diciendo que cómo podía defender a esa bestia que había hundido el país y ahora estaba arruinando con su presencia y su turba de adictos que habían invadido la ciudad este maravilloso festival que era ejemplo para Mar del Plata. Papá sostenía –y exageraba- el mismo pensamiento opositor de la mayoría marplatense, que en su férrea actitud antiperonista no ahorraban ademanes de disgusto por cuanto significaba la presencia del presidente. No hay que perder de vista que estábamos hablando del año 54. Para algunos sectores opositores a Perón, entre los cuales mi padre se posicionó levantando bien alto su bandera, el ‘dictador’ había emprendido la idea del festival como parte de una estrategia ideológica y manipulativa, que promovía entretenimientos populares y demás maniobras de diversión, con el único de fin de descomprimir una crisis que estaba tornando insostenible a su gobierno. Esta estrategia formaba parte de una peronización de la vida cotidiana emprendida desde su llegada al poder, contribuyendo a tornar difusa la distinción entre el espacio público y el privado, y mostrando como rasgo distintivo la realización de grandes concentraciones públicas, que incluían entretenimientos tales como acontecimientos deportivos y culturales, actos conmemorativos y encuentros multitudinarios donde había una participación directa de los sectores populares. Ciertas actividades, como los campeonatos deportivos infantiles y juveniles organizados por la Fundación Eva Perón, tenían un fuerte simbolismo político. Pero estas actividades populares, más allá de alguna adhesión política, atraían por sí mismas a las masas, como también ocurriera con el Festival de Cine. Por eso, decían que Perón intentó crear un nuevo consenso generando una cultura popular peronista de lo cotidiano, creando pautas vinculadas con este consenso totalitario, que incluía un sistema de mitos, rituales y símbolos, para confluir en la creación de un discurso político. Para ello se valió de los medios masivos de comunicación –que se expandieron a partir de los años 30- promoviendo pautas culturales y mecanismos de propaganda. La radio y la difusión del cine ayudaron a generar lazos de identidad cultural y adhesiones masivas. Y aprovechando ésta particularidad, promovió el Festival, ya que el cine y la radio se habían incorporado al consumo cultural de las clases trabajadora y media como entretenimientos de la familia. Por otro lado, Perón, gracias a los planes de turismo social, había transformado a Mar del Plata en la sociedad balnearia obrera por excelencia. No era casual entonces que la eligiera como sede del primer Festival Internacional de Cine, porque era la expresión urbana y más representativa de la Era Justicialista. Y, advirtiendo la espectacularidad y promoción con que lo rodeó, resultaba ser la ciudad más emblemática para citar artistas, directores y productores de Estados Unidos y Europa. Con la decisión política de hacer de este un evento que proyectara al país hacia el mundo, Perón había llegado a Mar del Plata dos días antes no sólo para inaugurar el festival, sino también la campaña electoral de su partido, de cara a las elecciones nacionales de abril. Detalles más, palabras menos, por ahí transitaba la idea que se instalaba como verdad irrebatible en los círculos antagónicos al peronismo. Yo por entonces tenía diecinueve años, estaba a punto de venirme a La Plata para comenzar la carrera de abogacía, no sentía ninguna simpatía por el peronismo pero tampoco hacia los conservadores ni hacia los radicales ni hacia los socialistas, y lo único que hice fue responderle a mi padre como nunca antes. Jamás habíamos discutido con tanta vehemencia y mucho menos por política. Jamás le había levantado la voz. Pero ese día fue como sacarme un peso de encima, fue deshacerme de un lastre de varios años de displicencia y frialdad en su rol de padre. Él era un hombre recto en sus ideales, apasionado al hablar y esos rasgos le valieron el respeto de sus pares en el ámbito público. Incluso fue tildado de autoritario por sus contrincantes. Pero dentro del hogar se comportaba con total blandura y falta de autoridad, con sobriedad y pocas veces mostrándose cariñoso con su entorno. Las pocas muestras de afecto que le recuerdo eran para mi hermano menor, Juan Manuel, por quien nunca pudo ocultar su debilidad. Con Delcia, mi hermana del medio, tenía una relación fraternal tradicional, sin grandes ampulosidades. En cambio conmigo era apenas amistoso, nos dirigíamos con respeto pero sin ternura. No puedo desconocer algo: jamás me hizo pasar necesidades, me dio todo lo que pudo y a veces más de lo que yo pedía. También es cierto que el ritmo de la casa la manejaba mamá, y yo con ella sí me llevaba bien.
-Eras el consentido de la mami-, interrumpí sin sorna-, el caso típico del hijo mayor que recibe todas las atenciones y al que le conceden todos sus caprichos.
No respondió a mi comentario y continuó con su narración, que ya se estaba volviendo interminable.
-Además no hay que perder de vista otro rasgo para nada menor, que ya no me avergüenza contarlo: a esa edad yo era bastante frívolo y mundano, y estaba más interesado en el arte que en la política -pese a lo que pasaba en mi casa-, o en las reuniones sociales, o en las salidas con mis amigos, o en conocer mujeres. Es decir que entre el Festival de Cine y la campaña de Perón me inclinaba claramente por tratar de mirar películas o ver de cerca a las celebridades. Ni siquiera me preocupaba tanto por ver cómo la ciudad era invadida por gente de otras clases poblando los sitios emblemáticos que los marplatenses atesorábamos como propios. Eso sí lo sentíamos como un signo de hostilidad. Pero no era más que un diminuto grano en el culo de la mersa burguesa -dijo riéndose-, y yo, pese a pertenecer a ese grupete de la clase media acomodada que nos sentíamos dueños de nuestros espacios y mirábamos al resto de reojo, no me dejé asustar por la turba peronista ni por las imprecaciones antiperonistas de mi padre. Por eso cuando en plena discusión mi papá me gritó ‘lo único que falta es que te hayas vuelto peronista’, estuve tentado de decirle que sí, y hasta de levantar los brazos y hacer la V con los dedos frente a sus ojos. Sólo me contuve porque apareció mamá a poner paños fríos a la contienda. Eso hubiese sido la peor afrenta para todos. La cosa no pasó a mayores pero quedó en el recuerdo como la primera gran pelea que tuve con mi padre. Él, lógicamente, le echó la culpa a Perón, el gran artífice de la división entre el pueblo argentino y entre las familias bien constituidas. El Festival de Cine terminó un domingo y el martes siguiente yo tomé el tren para venirme a La Plata porque en esos días comenzaba a cursar. La despedida fue fría con mi papá y calurosa con mi mamá y mis hermanos. No volví a verlos hasta las vacaciones de invierno.

Con un bostezo largo y exagerado puse freno a su relato. No fue por desinterés, sino por verdadero cansancio. El informativo radial anunció que eran las dos de la madrugada. Había hablado sin parar casi tres horas. Lolei preguntó si me estaba aburriendo y yo negué rotundamente. Todo lo contrario: me gustó su historia y cómo fue contada. Sólo me quedó la amarga sensación de no haber podido establecer una relación palpable entre esa pelea con su padre y el personaje de la película Amores perros, que a su modo de interpretación había originado ese recuerdo. Pero nada dije al respecto.
Lo cierto fue que, de la nada, el viejo había sacado de su cofre de recuerdos un episodio que superaba lo anecdótico. La relación con su padre, con la política, con el cine, con su pequeño mundo juvenil, clasista y pueblerino, me entregaron los primeros indicios de una vida que iría conociendo con el correr de los días. Para empezar, no era una síntesis nada despreciable.
Pero el agotamiento me vencía. Se lo hice saber y coincidió conmigo. Quedamos en vernos al día siguiente.


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(VII)
Madrid, 1-III-80
Querido sobrino: Hoy le envío una vista de uno de los paseos más bonitos que hay en Madrid, el Paseo de Calvo Sotelo. Espero que le guste. En julio iré a la Argentina, de modo que lo veré. Espero también que los días allí sean lindos y pueda ir a la playa. Nosotros aquí seguimos en invierno, pero estamos teniendo buen tiempo y Madrid de todos modos es hermoso en cualquier época del año. Esperando verlo pronto, mes despido de Ud. con un gran abrazo.
Lolei

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Lisboa, 5-IV-80
Queridos papá y mamá: Con unos amigos y amigas me vine a pasar a Portugal una semana de vacaciones. Hemos venido en dos coches y es tal la cantidad de turistas que han llegado a Portugal que hace dos días no encontramos hotel para dormir. Ya lo hemos tomado a la joda y nos recagamos de risa. Ni en Coimbra ni en Estoril ni ahora en Lisboa. Pero aunque sigamos durmiendo en el suelo a Madrid no volvemos. Tenemos un tiempo de verano ‘de locura’ y queremos aprovecharlo. En Lisboa tengo un amigo a quien luego iré a saludar y a ver si nos consigue adónde dormir. Anoche no encontramos habitación ni en el Sheraton.  Bueno, estas vacaciones las estaba precisando como el agua. Un abrazo inmenso
Lolei

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Sevilla, 9-IV-80
Queridos papá y mamá: Con mis amigos decidimos venirnos a la Feria de Sevilla, que empieza mañana. Me sigo divirtiendo y aprovechando mis vacaciones, que terminan el 15. Cuando llegue a Madrid les escribiré carta con más detalles. Hasta entonces, un abrazo de
Lolei


Fotos: http://fotosviejasdemardelplata.blogspot.com.ar/2014/09/festival-internacional-de-cine-mar-del.html