sábado, 6 de julio de 2019

El del libro, un mercado que en Rojas se sostiene


En esta entrada, reproducimos un informe publicado en el Semanario Hoy en su edición del 5 de julio de 2019, acerca del mercado editorial en la ciudad de Rojas. 



Siempre fue limitado y orientado a sectores pequeños de la sociedad, y por eso no se nota demasiado la crisis que arrasa con la actividad en las ciudades grandes. Dieron detalles Federico Riveiro (editor) y Vanessa Quintana (comerciante).



Ph: Semanario Hoy (Rojas)


Luego de que se conociera un informe apocalíptico sobre la actividad editorial, y para conocer qué pasa al respecto en nuestra ciudad, fueron entrevistados un editor y una librera, ambos locales: Federico Riveiro (Nido de Vacas) y Vanessa Quintana (Tierra de Fuego).

Las conclusiones que pueden sacarse de ambas entrevistas es que el desplome de la actividad no se notó demasiado en Rojas. Sí en la Capital Federal y las grandes ciudades, donde el consumo de libros es masivo y, por ende, hubo una caída de las ventas provocada por el grave y sostenido deterioro de la economía familiar. Pero en Rojas, donde el mercado de los libros siempre fue muy pequeño y acotado, los niveles se han sostenido bastante.

A nivel nacional, con números determinados por lo que ocurre en las ciudades grandes, la situación es realmente catastrófica. "La caída es casi comparada a la de una guerra", dijo Martín Gremmelspacher, vicepresidente primero de la Cámara Argentina del Libro (CAL), durante la presentación del "Informe de producción del libro argentino" en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

El empresario se refería a la evolución de la cantidad de ejemplares producidos. En 2018 fue de 43,1 millones, una caída de 48 por ciento respecto de los 83,5 millones de 2015. El cuadro de situación empeora cuando se compara el primer trimestre de este año. De casi 18 millones de ejemplares en 2016 se pasó a 6,5 millones en 2019, un descenso de una tercera parte. ¿Es peor que la crisis del 2001-2002? Gremmelspacher cree que la caída de 2002 no fue más allá del 15 por ciento. "Financieramente, no nos fue tan mal porque el comercio exterior subsanó la caída local y el mercado se empezó a recuperar rápidamente. Esta crisis es peor que la del 2001".

En cuanto a las expectativas para el sector este año, una encuesta realizada entre comerciantes del sector indica que el 29 por ciento considera que la situación será “mucho peor” y otro 39 por ciento opina que será “peor”.

Las pymes independientes editaron el 74 por ciento de las novedades de 2018 y el 58 por ciento de los ejemplares, contra un 26 por ciento de las novedades de los cinco grandes grupos editores –entre los que se encuentran Planeta y Penguin Random House– y un 42 por ciento de los ejemplares. La diferencia en la repartición podría ser homologable al tamaño de una hormiga con un elefante: 5 grupos versus 280 pequeñas y medianas editoriales. La edición digital mostró un leve crecimiento: pasó del 14 por ciento en 2011 al 19 por ciento en 2018.

¿QUÉ PASA EN ROJAS?

En nuestra ciudad la edición de libros ha venido creciendo, en parte gracias a la aparición de la editorial Nido de Vacas, cuyo referente principal es Federico Riveiro, y también por varias ediciones privadas, como la reciente del libro Historias de Rojas, y las de otros varios autores.

La venta de libros se mantiene más o menos en los niveles habituales, según lo expresado por una comerciante del rubro, Vanessa Quintana (Tierra de Fuego). Y en ese sentido, cabe mencionar una anécdota curiosa: el libro recientemente editado por la ex presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, "Sinceramente", fue un "best seller" en nuestra ciudad: en lo que va del año, sólo esa librería vendió más de trescientos ejemplares y se vio obligada a reiterar sus pedidos a la editorial en varias oportunidades. Una curiosidad.

Por lo demás, el sector sigue sosteniéndose con la venta de libros escolares, e inclusive de otros rubros como los juegos didácticos. La actividad se mantiene. El del libro, que en las ciudades grandes es un mercado enorme y muy rico, en Rojas siempre fue limitado. Hoy, que la economía lo derrumba a los peores niveles históricos, en nuestra ciudad se sostiene más o menos como de costumbre.



Vanessa Quintana: "La gente 

de Rojas es muy lectora"



Ph: Semanario Hoy (Rojas)

Vanessa Quintana es la propietaria de la librería "Tierra de fuego", y explicó que "estamos funcionando desde hace siete años, y el hecho de estar arraigados, tanto en Rojas como en Junín, hace que podamos funcionar cada vez mejor, porque el público nos conoce. La venta fue creciendo de a poquito: cuando empezamos teníamos mil libros, y ahora tenemos unos siete mil. También incorporamos libros usados y juegos didácticos".

"El libro en Rojas tiene su público, y es bastante público. La Biblioteca Pública, por ejemplo, es de las más completas que hay en la zona. La gente de Rojas es muy lectora, y eso se nota cuando viene un chico, por ejemplo, que tiene un vocabulario muy específico y busca autores. Hablan con propiedad. Rojas es muy lector, y sobre todo sus chicos", dijo después.

Informó Quintana que "en este momento se están vendiendo muchos libros de feminismo, tanto a chicas como a chicos que buscan esa información. Y también material nuevo sobre educación sexual, que tiene que ver con la ESI en las escuelas".

También comentó, a modo de anécdota, lo sucedido con el libro "Sinceramente", de Cristina Fernández de Kirchner. "Tuvimos mucha suerte con la venta, se vendieron más de trescientos ejemplares. Y por una cuestión de solidaridad decidimos, por cada libro vendido, comprar un litro de leche para los comedores escolares. 

Esto pasó sobre todo en Junín, donde hubo problemas porque a las escuelas no llegaba leche, y justo cuando consiguieron partidas de leche en polvo, se analizó el agua y dio en mal estado. No se podía hacer la leche, y tampoco había leche, entonces decidimos esto, colaborar en este momento crítico de la Argentina", dijo Quintana.


Finalmente se refirió a la industria editorial de nuestro país, considerando que "es muy buena. Argentina edita muy rápido, y tiene libros de muy buena calidad. El libro argentino es muy buscado en el mundo, y si bien el dólar está altísimo para nosotros, el libro no lo es tanto. Los libros argentinos, en el mundo, son baratos". Y en ese sentido mencionó varios títulos editados localmente por Nido de Vacas, señalando que "se están vendiendo, están teniendo salida. El de Diego Singer, por ejemplo, fue muy solicitado por escuelas de Junín, y también el último que entró, "Dos semanas en Chivilcoy", de Nilma Adrover".



Federico Riveiro: "Podemos crear nuevos 

círculos con otros autores y lectores"



Ph: Semanario Hoy (Rojas)


Federico Riveiro es uno de los creadores y actual director de la editorial rojense Nido de Vacas. Consultado sobre la situación del sector, luego de que se conociera un muy poco auspicioso informe nacional al respecto, explicó que "la situación, en general, no es buena. El mercado editorial viene en caída, según informan las cámaras del sector que manejan los números reales. El último dato de 2018 indica una caída vertiginosa con respecto a los tres años anteriores, y lo que más se nota es la baja en la venta de libros y la cantidad de producción".

"Esto tiene un origen que se puede reconocer muy fácilmente, y es la situación en la que está la economía actual. Estamos hablando de un artículo que no es de primera necesidad, como el libro, cuando vemos que está cayendo la venta de comida. Obviamente, la actividad va a caer", agregó.

Informó Riveiro que "en las ciudades grandes están cerrando librerías, cae la industria, quedan afuera traductores, correctores, hay una merma en las fuentes de trabajo que genera el sector, pero a la vez hay una serie de posibilidades que permiten que la cantidad de títulos editados siga siendo más o menos la misma desde el año 2011 para acá, que es de cuando hay datos conocidos. Siguen editándose entre 27.000 y 28.000 títulos por año. Lo que ha caído, y mucho, es la producción: la cantidad de ejemplares bajó de 83 millones de ejemplares, en 2015, a poco más de 43 millones en la actualidad. Eso se nota".


"Nosotros, como nueva editorial, tenemos una realidad que tampoco se condice con los números realmente malos que se muestran. Sobre todo, porque no tenemos una estructura que nos obligue a editar muchos títulos para sostener el negocio, y las tiradas nos permiten recuperar una inversión realizada. Por supuesto que no vivimos de esto, pero seguimos apostando porque tenemos otra mirada, apuntamos a darle una oportunidad al autor, a buscar un lector con miradas distintas, apuntamos a otro público y seguramente podremos seguir haciendo cosas en base a lo poco que nos deja el negocio. Muchas editoriales chicas están haciendo eso, se salvan por ese lado. No vamos a ir a la Feria del Libro, jamás podríamos afrontar esa inversión, pero sí podemos crear otros círculos, con otros autores que no están en las grandes carteleras, destinados a otro tipo de lectores", finalizó diciendo.






sábado, 6 de abril de 2019

Amir Abdala: “La literatura es tan necesaria como el llanto”



El escritor rojense presenta su novela “El vértigo de la felicidad”, editada por Nido de Vacas. En su primera incursión en el género narra una historia intensa y veloz sobre la decadencia humana de la sociedad moderna en un ambiente urbano. “Yo no agarro la literatura para matar el aburrimiento, sino que la agarro para absorberla y deformarla, siempre desde mi escritura”, reflexiona el autor.

Ph: Adrián Minadeo/ El Nuevo Diario Rojense


Luego de publicar dos libros de poesía, el escritor Amir Abdala (Rojas, 1990) amplía sus registros de escritura y presenta su primera novela, El vértigo de la felicidad, que editó Nido de Vacas para su colección de narrativa “Cicatrices”.

En su opera prima el autor propone una mirada cruda de una sociedad caníbal y sumida en la desesperanza, desarrollada con un arte refinado, sucio, reflexivo y grotesco que pone en palabras de un protagonista abandonado a la miseria. Lo hace con un estilo descarnado, con una prosa intensa que —como él mismo explica— se corre de lo convencional de las estructuras narrativas actuales.

“Desde cualquier punto de vista esta obra debe saberse como castigo y como redención. Nadie está exento de ninguna jugarreta del Destino: hoy comés caviar, mañana no tenés qué comer. Al final, la sociedad te juzga porque está aburrida de sí misma”, observa Abdala al resumir el proceso de escritura de su novela. “Las experiencias de la existencia nos pertenecen. Yo trato de hacerlo literatura. Con seguridad te puedo decir que me perdí mientras me iba encontrando, y viceversa”, agrega.

El protagonista de esta historia es un hombre que ha decidido abandonar todo luego del suicidio de su novia, y desde su nueva vida vagabunda descubre ese vértigo que lo estaba esperando y le da sentido a su propio destino. Acosado por los recuerdos, va plasmando en su diario íntimo sus observaciones sobre un mundo sórdido e inestable que “flota, florece y se marchita lentamente” a su alrededor, mientras intenta reflexionar por qué la muerte de Isabel no fue un acto reflejo provocado por su depresión sino una resurrección de sus propias valoraciones.

—¿Qué idea de novela acompaña tu escritura?
—Una idea más bien desproporcionada. Trato de correrme de los convencionalismos y las estructuras. La mayoría de los autores que leo son linealmente correctos en su narrativa. Eso, en mi caso particular, me agota. Igual soy consciente que los escritores que leo están establecidos desde otro lugar; es decir, yo no agarro la literatura para matar el aburrimiento, sino que la agarro para absorberla y deformarla, siempre desde mi escritura.

—¿Cuánto de autorreferencial podemos encontrar en esta obra? ¿Por qué elegiste esta forma de narrar?
—Creo que nada de lo que vengo trabajando se corre de mí como punto de referencia. El hecho en sí no es nada si no se lleva a cabo. Uno transita diferentes vivencias, y con éstas arrastra diferentes lenguajes. Cada lector se identifica con un personaje (en raros casos, con varios). Eso te lleva a correrte de tu lugar como escritor y reconocerte como lector. Todos podemos transitar la pobreza, la miseria, el desgano, el dolor, el amor… La referencia siempre va ser uno como individuo. Considero que al reflejarnos en la tristeza del otro, estamos desprendiendo parte de nuestra tristeza. Irremediablemente somos la referencia.

—¿Qué enlace encontrás entre el abandono y la literatura?
—Es una muy buena pregunta… Encuentro un enlace que une, pero a la vez destruye. A la literatura la veo como un sinónimo claro de abandono. Para ser más preciso: cuando uno deja de leerse, pensarse, escucharse, mirarse, verse, se atribuye (aunque no se percate) grandes dosis de abandono y dejadez. La literatura es tan necesaria como el llanto. Llega un momento que si no estás dispuesto a llorar la angustia te carcome las fuerzas, y lo peor de todo es que influye en vos como persona social. ¿No te parece un desperdicio para el intelecto humano sedarse a base de consumo barato sin percatarse que a veces el otro puede necesitar un abrazo o un oído que lo escuche? El abandono te despoja de lo que sos; la literatura te centra en lo que sos.

—El protagonista refleja una mirada sórdida del mundo, muestra un costado hipócrita. ¿Qué escena considerás que resume mejor esa visión?
—Pensé mucho en esa escena. Te resumo en pocas palabras la pregunta: cuando el personaje enfatiza, reflexiona y analiza a las hienas y a las carroñas. Así creo que se vive (¿vive?) hoy.

—¿Qué podés decir sobre Isabel, esa protagonista ausente que, sin embargo, atraviesa la obra con una presencia muy fuerte?
—La fuerza de Isabel está arraigada a ese tipo de personalidades que parecen o quieren parecer desapercibidas. Existen personas que se aferran a un compromiso que pretende ser vacío, pero el ego es tan grande que abarca mucho más allá de la percepción que se puede llegar a tener. A veces conocemos a seres por una noche o dos y no los olvidamos nunca más. Toda persona es importante si se le da importancia, y veo en Isabel esa transgresión entre perturbadora y angelical. Una mujer que remite un tiempo incontrolable, pero desesperante.

—¿Qué valor le otorgás a la música para la construcción de esta narración?
—Una amiga me repetía que las personas que pasan cuando uno ama, generalmente, nos dejan música. Y traté de seguir ahí, en ese espacio musical, donde la narración debía tener un peso obligado. Los personajes de esta historia son una especie de selectivos melómanos, pero no se hacen cargo de lo que produce la música que escuchan… son tan egoístas que hasta buscan detestarse en algo que debe producir felicidad o satisfacción, como la música que comparten y menosprecian.

—¿Qué marcas o registros de otros autores reconocés en tu escritura?
—Muchas. Trato de unificar cierta voracidad literaria acorde a la lectura que me van dando los autores, las personas con las que convivo y con las que me rodeo o voy cruzando por casualidad. Leo mucho y me arraigo demasiado a la obra de los autores y no tanto a la vida personal de los autores, porque ellos también son miserables. Te doy un ejemplo: leo Borges y me enfoco en toda su obra; leo Miller y me enfoco en toda su obra; leo Kundera y me enfoco en toda su obra; leo… ¿Me explico? Sí noto de los autores consagrados que hay que leer en serio para escribir en serio. Además de que siempre se lee más de lo que se escribe.

—¿Qué encontraste y qué perdiste a lo largo del proceso de escritura de esta obra?
—Fue en simultáneo, pero desde otra óptica. Mi trabajo es vivir lo que leo de otros autores, lo que escribo y lo que leo de lo que escribo. No podría quedarme quieto. Las experiencias de la existencia nos pertenecen. Yo trato de hacerlo literatura. Con seguridad te puedo decir que me perdí mientras me iba encontrando, y viceversa. Desde cualquier punto de vista esta obra debe saberse como castigo y como redención. Nadie está exento de ninguna jugarreta del Destino: hoy comés caviar, mañana no tenés qué comer. Al final, la sociedad te juzga porque está aburrida de sí misma. El cuerpo humano pertenece a la fosa o el crematorio; ni más, ni menos.


El autor

Amir Abdala nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1990. Escritor autodidacta, es autor de los poemarios Hay un poema dormido, hay un poeta despierto (Imaginante, 2015) y Lo único que pasa es lo que no se recupera (Imaginante, 2016). Algunas de sus obras inéditas fueron premiadas en certámenes literarios nacionales e internacionales. El vértigo de la felicidad (Nido de Vacas Ediciones, 2018), es su primera novela.

Ficha técnica

El vértigo de la felicidad. Amir Abdala.
Nido de Vacas, 2018. 108 páginas. 21 x 14,8 cm.
Colección: Cicatrices/ 1
Edición: Federico Riveiro, Fernando De Luchi. Arte de tapa: Emiliano Raggi. Fotografía: Julieta Gualtieri.

Sinopsis

Luego del suicidio de Isabel, su novia, un hombre abandona todo y emigra hacia una vida vagabunda, que marcará el inicio de su propia existencia. Acosado por los recuerdos, explora este mundo sórdido e inestable, mientras su pasado y su presente se van superponiendo. De esta manera, convierte la miseria que eligió en un arte refinado, reflexivo, sucio y grotesco.
En su cuaderno íntimo —que recorre de forma caótica y profunda, al igual que lo hace por las calles que transita cada día— va plasmando sus observaciones y sentimientos sobre una ciudad indiferente, que “flota, florece y se marchita lentamente”.
El protagonista aprenderá que el Destino es un vértigo que lo espera. La felicidad desborda ese vértigo y lo deja sin escapatoria. El tiempo, inclemente como se presenta, le resulta rutinario. Aun atorado por su propia desidia, concluye que “la vida es impiadosa, por eso su magia”.
Con un estilo descarnado, Amir Abdala construye una historia que perfora las sutiles negligencias en la que estamos enclaustrados. Un enfoque diferente que hace pensar que cualquier persona puede terminar habitando los suburbios, como el agua estancada que brota de las cloacas y se acomoda en los cordones de la vereda.


Fragmento de la obra


“La calle es la única alternativa... ¿Qué patético depredador de sueños se atreverá a despertarme de mi nido de colibríes? Fantaseé: la arrebatada esperanza de morir atado a tus pies, Isabel, tuvo carcelarios exámenes de soledad y flagelaciones. Si todavía sigo sangrando es porque me desvive el destino de mi moraleja. Consciente de mis atribuciones inhumanas sé que merezco una condena, y son tus ojos alumbrándome como la luna a los lobos; consciente de tu desplante corporal sé que merecés una condena, y son mis ojos maullándote como los lobos a la luna. Te describo con dulzura (pero no olvides que no soy el poeta de nadie, sino que soy el poeta de todos, por eso aún seguís en mi voz): fuiste la cenicienta apática de una juventud destruida por el molde cobarde e incomprensible de saberse acá: mitad humano, mitad animal. Isabel, me enseñaste que la violencia es una forma necesaria para deshacerse de sí mismo; me enseñaste que se supone estar vivo por tener vida, tanto que se evalúa la fuerza por hacerla... Al final, para dar un nuevo comienzo a mis andanzas, despojado de materialismo, me digo que por cobardía, la calle es la única alternativa que no se busca”.

Ph: Julieta Gualtieri




miércoles, 26 de diciembre de 2018

Un sueño


Así presentó Paul Bravo “Donde el sol confluye con la mierda”

Café Montserrat, Buenos Aires, 19 de diciembre de 2018




Ph: Javier Ruiz


En el sueño yo descendía por una larga escalera amurada a una enorme pared de piedra, que me condujo a un hermoso bosquecillo, de árboles pequeños y robustos. Caminé despacio a través de un silencio acogedor. De pronto, empezó a llegarme el murmullo de una melodía sencilla y agradable. Lo seguí. Eran acordes de guitarra que se interrumpían y volvían a empezar una y otra vez, como si alguien estuviera practicando. Enseguida se abrió un claro que conducía a la orilla de un río. A pocos metros del agua, sentado en un tronco, el flaco me sonrió y me saludó con un movimiento de cabeza, mientras seguía bordando acordes y tarareando la encantadora melodía. En ese momento, me di cuenta que llevaba entre mis manos un ejemplar de “Donde el sol confluye con la mierda”. Permanecí frente a él, escuchando solemne, hasta que al fin soltó la guitarra. Se puso de pie y me estrechó la mano.



-Te traje esto-, dije. Y le entregué el libro.

-Me viene bárbaro-, dijo con su dulce voz, y se puso a ojear la contratapa.

-¿Puedo leerlo ahora?- me preguntó. Vos podés pescar mientras tanto. Por supuesto, acepté. Junto a la guitarra había un termo, un mate y una caña de pescar. Levanté la caña, agarré el anzuelo y encarné una lombriz que apareció bailoteando en mi mano como por arte de magia. Me acerqué a la orilla y arrojé la línea. Una boyita naranja quedó flotando sobre la corriente. El murmullo del agua y los cantos de algunos pájaros se hicieron más presentes. Una brisa fresca me acariciaba el rostro y al flaco le levantaba suavemente la hoja del libro. De pronto, la boya se hundió con violencia. La tanza se tensó tanto que casi me arrebata la caña de las manos, y comencé a forcejear mientras la caña se doblaba como si se fuera a partir por la mitad. Parecía haber atrapado un pez enorme. Intenté recoger la línea, pero era imposible, el pez poseía una fuerza descomunal y no daba tregua. Yo luchaba como si mi vida dependiera de ello, me sudaban las manos y las sienes, me temblaban las piernas, pero cuánto más fuerza hacía, más resistencia encontraba.

-Tenes que dejar de pelear- dijo el flaco a mis espaldas con voz serena mientras se levantaba. Se acercó hasta mí, me puso una mano sobre el hombro y me habló suavemente al oído. En tanto, yo resistía los embates del feroz pez esforzándome para escucharlo con atención.

-Mirá loco, no batalles más. Dejá que tu conciencia se vuelva hacia el agua y se funda con el río, y explicale al pez que su destino es ser el alimento de dos poetas.

No pude digerir del todo la estrambótica idea del flaco, cuando mi conciencia abandonó mi cuerpo y se diseminó en miles de partículas de agua que se hicieron parte del río. Entonces sentí al pez. Sentí su presencia bestial, su resistencia heroica, su instinto de supervivencia, su conciencia de pez recio y prodigioso. Era enorme y macizo, con aspecto de invencible. Mi conciencia comenzó a acariciarlo, por las escamas, las aletas, la panza, las branquias, la cola. Las caricias eran como susurros al oído, como una voz sincera, amorosa, llena de admiración y respeto, y susurrando caricias lo fui convenciendo de que su destino era ser el alimento de dos poetas.

En la siguiente imagen que recuerdo, estoy recogiendo la línea. El enorme pez se deja arrastrar manso, como si durmiera con los ojos abiertos. El flaco me regalaba unos aplausos y sonreía con sapiencia, como si dijera: “¿viste qué fácil era?”.

De inmediato aparecimos sentados junto a un fueguito. El atardecer teñía todo de púrpura. Yo comía un pedazo de pescado en un cacharro de cobre. La sabrosa carne blanca y suave se me deshacía en la boca. El flaco seguía leyendo y picaba trocitos de pescado de un platito.

-Terminé- dijo de pronto y cerró el libro.

-¿Y?- le dije yo, expectante.

-¿Puedo quedármelo, Paul Bravo?- me preguntó leyendo mi nombre de la tapa.

-Por supuesto flaco, es un honor- le respondí.

-Se lo quiero prestar al Pappo- me confesó. Le va a encantar al carpo… dijo riendo.

En ese momento caí en la cuenta de que yo, con este libro, también estaba aceptando mi destino, al igual que el pez. Este libro, “Donde el sol confluye con la mierda”, es apenas un comienzo. Es la sumisa aceptación de un destino inevitable, de una conciencia que se vuelve literatura.

https://www.youtube.com/watch?v=jEfxmZ__qrc